Astrología: “La Última Cena” de Leonardo da Vinci

“En la ‘Última Cena’ de Leonardo, se plantea la hipótesis de que los apóstoles están representados según las características psicológicas de sus respectivos signos zodiacales, lo que refleja el interés de Leonardo por la astrología y su influencia en la cultura renacentista, como se describe en el libro de Franco Berdini ‘Magia y Astrología en la Última Cena de Leonardo’. Esta interpretación sugiere que Leonardo utilizó las correspondencias entre los doce apóstoles y los signos zodiacales, incluidos los planetas del sistema solar, para dotar a la escena de un significado arquetípico más profundo; teniendo a Jesús, como figura central de la composición sobre el fondo de un paisaje luminoso, como una representación del hombre perfecto realizado en Cristo.” (“Astrología Classica. Le Arti figurative e l’Astrologia: Il Cenacolo di Leonardo, Prima parte, di Mario Costantino”).
Franco Berdini.

“Franco Berdini (Roma, 22 de junio de 1941 – Roma, 23 de octubre de 2011), fue un pintor y escultor italiano. En 1978 inició una larga investigación sobre el ‘Renacimiento’ y estudió en particular los secretos del arte de Leonardo da Vinci: la astrología, la alquimia, el esoterismo, la cábala, la numerología, que se recogieron en un ensayo titulado, ‘Magia y Astrología en la Última Cena de Leonardo’, publicado en 1982. Leonardo se convirtió así, en el impulso cultural de una investigación artística recurrente en la obra de Berdini.” (“Wikipedia. l’enciclopedia libera. Franco Berdini”).
¿Quién fue Leonardo da Vinci?

“Leonardo di ser Piero da Vinci (Vinci, 15 de abril de 1452 – Amboise, 2 de mayo de 1519), más conocido como Leonardo da Vinci, fue un polímata* florentino del Renacimiento italiano. Fue a la vez pintor, anatomista, arquitecto, paleontólogo, botánico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista. Falleció acompañado de Francesco Melzi, a quien legó sus proyectos, diseños y pinturas. Tras pasar su infancia en su ciudad natal, Leonardo estudió con el pintor florentino Andrea de Verrocchio. Sus primeros trabajos de importancia fueron creados en Milán al servicio del duque Ludovico Sforza. Trabajó a continuación en Roma, Bolonia y Venecia, y pasó sus últimos años en Francia, por invitación del rey Francisco I.” (“Wikipedia. Leonardo da Vinci”).
*”La polimatía (del griego polymathía, ‘el aprender mucho’; de polý, mucho, y mantháno, aprender), es la sabiduría que abarca conocimientos sobre campos diversos de la ciencia, arte o las humanidades. Un polímata, es un individuo que posee conocimientos que abarcan diversas disciplinas. La mayoría de los filósofos de la antigüedad eran polímatas, tal como se entiende el término hoy en día.” (“Wikipedia. Polimatía”).
La pintura mural de Leonardo da Vinci.

”La última cena (en italiano: Il cenacolo o L’ultima cena), es una pintura mural original de Leonardo da Vinci ejecutada entre 1495 y 1498. Se encuentra en la pared sobre la que se pintó originalmente, en el refectorio del convento dominico de Santa Maria delle Grazie, en Milán (Italia). La pintura fue elaborada para su patrón, el duque Ludovico Sforza de Milán. No es un fresco tradicional, sino un mural ejecutado al temple y óleo sobre dos capas de preparación de yeso extendidas sobre enlucido. Mide 460 cm de alto por 880 cm de ancho. Muchos expertos e historiadores del arte consideran ‘La última cena’ como una de las mejores obras pictóricas del mundo.” (“Wikipedia. La Última Cena-Leonardo da Vinci”).

El Avatar de esta Era de Acuario, el Dr. Serge Raynaud de la Ferrière, en su magnífico libro “El Arte en la Nueva Era”, menciona al genio florentino, figura prominente del “Renacimiento” italiano y sobre él escribió: “Hemos perdido desafortunadamente casi todas las obras de este genio, tanto en escultura como en pintura; quedan restos insignificantes al lado del trabajo que realizó. Se sabe que la gran estatua ecuestre de Francesco Sforza fue accidentalmente destrozada durante su transporte triunfal; en cuanto a su obra magistral ‘La Última Cena’, por la imperfección de los preparativos de los muros y la inundación de Milán quedó ya en 1545 en estado de ruina (la parte inferior del rostro de Jesús fue deteriorada para abrir una puerta en el muro). Esta última obra es ciertamente la que sobrepasa todo lo que se ha hecho en pintura y Leonardo, seguro de sí mismo, en lugar de emplear el fresco para este muro de 28 pies de largo (Refectorio del Convento de Santa María de la Gracia en Milán), adoptó el óleo. Trabajó durante dos años en esta obra cuyas figuras de personajes son de tamaño natural”. (Pág. 252. Op. cit.).
Los 12 Apóstoles representan a los 12 Signos Zodiacales.

“Los apóstoles, en efecto, aparecen alineados configurando 4 grupos ternarios que corresponden a las 4 divisiones del zodíaco, es decir, los 4 cuadrantes relacionados con las 4 estaciones del año (primavera, verano, otoño e invierno). La gran variedad de sus actitudes y gestos, expresiones mímicas y fisiognómicas, interpretan 12 tipos humanos, contrastando con la figura aislada y casi inalcanzable, pero a la vez dulce, serena y sumisa, de Jesús. Partiendo del extremo derecho hacia la izquierda, los 4 grupos ternarios se suceden diferenciando cada uno los pasos zodiacales del Sol en los 12 meses del año estacionario (aproximadamente 3 meses por cada estación), y describiendo al mismo tiempo las características de los 12 tipos humanos que les corresponden, como vamos a comprobarlo.” (“Astroanálisis. El Código Secreto de La Ultima Cena”. Blog de César de la Cerda).
Leonardo da Vinci, un Magister de las Ciencias Sagradas de la Antigüedad: Astrología, Magia y Alquimia.

“Leonardo, siguiendo al astrólogo Claudio Ptolomeo, que describe un cielo dividido en doce regiones relacionadas cada tres con un elemento alquímico, coloca a los apóstoles en cuatro grupos de tres, perfectamente definidos. De tal manera se refiere al cuaternario y a la tríada. […] Así sobrepone, frente al cuadrilátero mágico, el Macrocosmos celeste del Zodíaco con el Microcosmos terrestre. Los relaciona mediante la perspectiva, aparentemente exagerada para tan humilde mesa, de los casetones del techo y los muros. Así, cada apóstol representa un signo del Zodíaco y su planeta regente, dejando para el Cristo, el «Padre que está en los Cielos», el Sol alrededor del cual giran los planetas (doctrina herética en ese momento), incluyendo al Sol astrológico que relaciona misteriosamente a Santiago el Mayor con el mismo Cristo o «Iluminado», según la raíz griega de esta palabra.
Tres signos-apóstoles corresponden al elemento Fuego: Aries, Leo y Sagitario. Tres, a la Tierra: Tauro, Virgo y Capricornio. Tres, al Aire: Géminis, Libra y Acuario. Tres, al Agua: Cáncer, Escorpio y Piscis. El Cristo central es a la vez lo mencionado y la Gran Obra cósmica-alquímica, y contiene, al manifestarse en la mesa-Tierra, a los doce en sí mismo, como síntesis de la Trinidad del Logos (12 = 1 +2 = 3).
La primera Tríada.

- SIMÓN. Con Aries, cuyas características fisonómicas se han acentuado al aparecer con una frente muy pronunciada, la barba en punta y el perfil en general. En Simón, la tipología astrológica está marcada por Marte en su actitud enérgica, ágil y brusco en sus movimientos. Este carácter impetuoso es confirmado hoy por las investigaciones históricas, ya que este personaje existió y murió en lucha, dirigiendo la guerrilla de una secta hebraica de Palestina [los zelotes], contra el Imperio Romano.
- TADEO. Tiene de Tauro la fisonomía de un hombre lento y muy sólido; se le ve ‘macizo’, de cabellera abundante, ya blanquecina, discutiendo fervorosamente con sus compañeros más cercanos. Tiene correspondencia cósmica con Venus.
- MATEO. Tiene correspondencia analógica con Géminis, en su rapidez de movimientos sin perder la elegancia del cuerpo. Parece hablar de manera fácil y persuasiva. Sus brazos se extienden en la misma dirección, como gemelos. Lo rige Mercurio, que le da un aspecto juvenil e inteligente.
La segunda Tríada.

- FELIPE. Es la primera persona de la segunda tríada y está relacionado con el signo de Cáncer, el cuarto signo del Zodíaco, que da paso de la primavera al verano. Se lo muestra ligeramente inclinado y sus manos representan la constelación del Cangrejo. La cabeza es esférica y el rostro tenso, con algunas características lunares, ya que Cáncer es gobernado, en cierta forma, por la Luna, el ‘planeta’ que le corresponde.
- SANTIAGO EL MAYOR. Viste ropas con reflejos áureos y tiene toda la majestad y la actitud del León, signo donde tiene su domicilio astrológico el Sol. Por eso su mítica marcha, después de muerto, de este a oeste, hasta la torre arqueológica de los santuarios neolíticos, celtas y romanos de Santiago de Compostela. Hoy sabemos que este lugar de España era visitado por caravanas de peregrinos, que iban hacia la Tumba o el Gran Muerto desde, por lo menos, principios del II milenio a. C. Físicamente, la figura tiene características apolíneas.
- TOMÁS. Su cuerpo tiene analogías zodiacales con el signo de Virgo y su planeta regente, Mercurio. El signo que hace con la mano, así lo sugiere.
La tercera Tríada.

- JUAN. Relacionado con Libra, se ve la inclinación de la luz hacia el invierno. Tiene asimismo características venusinas y su propia cabeza, muy inclinada, nos muestra que un plato de la balanza se ha movido, esta vez hacia el lado izquierdo del observador, como un mal augurio.
- JUDAS. Su mano izquierda hace la figura de un escorpión: Escorpio. Su voluntad tiene la agresividad de Marte, la nariz aquilina es como la de un ave rapaz y los ojos entrecerrados evaden las miradas, aunque su actitud general sea desafiante y deje caer disimuladamente la sal en la mesa, símbolo de desgracia. Su mano derecha, en la convulsión de la sorpresa, aprieta demasiado un pequeño bolso y escapan de él varias monedas. Pertenecen al pequeño tesoro, recibido por denunciar a Jesús.
- PEDRO. Es típico de Sagitario, dominado por Júpiter, señor de los dioses, por lo cual se le hará depositario de las llaves de la Iglesia terrestre y celeste. Leonardo lo coloca casi de pie y de perfil, simulando la constelación en el Zodíaco, en una explosión dinámica. Su mano derecha ha retrocedido como para manejar un arco, aferrando amenazante un cuchillo, mientras su otra mano se cierra sobre el hombro de Juan, ‘traspasando’ a Judas.
La cuarta Tríada.

- ANDRÉS. Regido por Capricornio, encabeza el cuarto grupo que parece iniciar un movimiento de retroceso hacia la oscuridad del ángulo izquierdo. Las tres cabezas están de perfil y corresponden al invierno, donde todo se ve más oscuramente y con profundidad. Su planeta regente es Saturno.
- SANTIAGO EL MENOR. Regido por Acuario, trata de alcanzar con su mano extendida el hombro de Pedro, para contener sus iras. Con la otra se sostiene en Andrés, que representa el estupor del pasado que no comprende lo que pasa. Él también está regido por Saturno, según el canon de Leonardo.
- BARTOLOMÉ. Es el último personaje. Está regido por Piscis y por una forma de Sagitario. Se ha puesto de pie como para intervenir en lo que amenaza convertirse en una muy agria disputa, pero sus manos demuestran que no está decidido y que no pasará de ser un observador de las escenas.

- JESÚS EL CRISTO. Aparece en el medio del cuadro, en analogía con el Sol, interno y externo, centro del sistema solar; asume características de ecuanimidad, belleza y potencias sobrehumanas. Al estirar sus brazos, configura un triángulo sobre la mesa cuadrilátera, resumiendo en sí los tres aspectos del Logos platónico. La imagen está circunscripta en el centro de un círculo cuyo radio imaginario tiene como punto fijo su ojo derecho (el orificio más espiritual del cuerpo humano). La circunferencia es el símbolo gráfico del Sol. La mano derecha, con la palma hacia arriba, y la izquierda, con la palma hacia abajo, significan la aceptación de su destino, si es por Gracia de Dios. Acaba de pronunciar las fatales palabras y su mirada se pierde tristemente en un punto más allá de la mesa, llena de serena resignación y de tristeza por la fragilidad de los hombres.
La Última Cena de Leonardo tiene sus raíces en la más remota Antigüedad, en el culto a la mesa, sostén del alimento físico y espiritual. Es una obra para todos los tiempos, y tal vez uno de los más grandes resúmenes esotéricos, unido a una belleza sobrecogedora, de nuestra civilización occidental.” (“Nueva Acrópolis. Significado esotérico-astrológico de ‘La Última Cena’.” Jorge Ángel Livraga). De este profundo simbolismo, proviene el término compañero. Palabra que proviene del latín cum panis, que significa “con pan”; es decir, el que come y comparte del mismo pan.
IHS: Iesus Homo Solis.

El concepto de Jesús como Hombre Solar, simboliza la unión de su naturaleza divina y humana, donde lo solar representa su divinidad y hombre su humanidad.

Al número 12, “se le considera el número solar por excelencia, símbolo del orden cósmico, de la perfección y de la unidad”. Además, simboliza el final de un ciclo y el inicio de uno nuevo: son los 12 meses del año y los 12 Signos del Zodíaco; que al finalizar, reinician un nuevo ciclo, con un hipotético número 13. Son 12 Apóstoles y Jesús el Cristo es el número 13. Es el inicio de un nuevo ciclo; que no es en círculo, sino en espiral: en una escala superior. Esto es lo que representa Jesús el Cristo, el Cristo Solar: la conciencia expandida, es decir, la Conciencia Cósmica.
El Número 13 en la Ancestralidad.
Se relaciona con ciclos cósmicos, de transformación, conexión con lo sagrado y de plenitud espiritual.

- Para los Mexicas. El número 13 era un símbolo de orden, plenitud y conexión cósmica. Tenía una profunda relevancia en su calendario (Tonalpohualli), en su religión y cosmología; con 13 niveles celestiales y el ciclo del tiempo dividido en trecenas o grupos de 13 días, cada uno regido por energías específicas y marcando ciclos de vida, muerte y renovación.
- Para los Mayas. Al igual que los mexicas, estructuraron en 20 trecenas el Tzolk’in (la cuenta de los días), el calendario sagrado de 260 días. También concebían 13 cielos sostenidos por Oxlahuntikú.
- Para los Egipcios. El viaje del alma tras la muerte atravesaba 12 etapas en el Duat (inframundo), y la 13ª representaba la transformación final: la unión con lo divino y la vida eterna. Así, el 13 era símbolo de resurrección y trascendencia.
- En el Hinduismo. El número 13, es un número asociado con Shiva, ya que el día Trayodashi (el día 13 del mes hindú) está dedicado a la adoración del dios Shiva. Es un número de buenos augurios y transformación.
- En el Judaísmo. El 13 significa la edad en que un niño madura y se convierte en un Bar Mitzvah. Es el número de círculos o ‘nodos’, que conforman el Cubo de Metatrón, en las enseñanzas Cabalísticas.
- En el Islam. Hay 13 atributos de Allah (Dios), que son obligatorios de conocer para cada musulmán. En la escuela chiita, el 13 representa al Profeta Mahoma y 12 Imanes. El día 13 del mes de Rajab, conmemora el nacimiento del Imam Ali, la figura más importante después del Profeta Mahoma.
- Para los Pitagóricos. Al ser un número que rompe con el orden simbolizado por el número 12, el 13 representa la idea de pasar de un estado a otro. Es el número del cambio inevitable, de la transición de lo conocido a lo desconocido.
- En el Tarot. El Arcano XIII del Tarot es La Muerte. Una carta que simboliza principalmente la transformación, el cambio profundo y el final de ciclos para dar paso a un nuevo comienzo. Aunque su nombre y la imagen de un esqueleto puedan asustar, rara vez se refiere a la muerte física, sino a la necesidad de dejar atrás lo viejo para que pueda renacer algo nuevo.

Finalizo este artículo citando al Maestre Serge Raynaud de la Ferrière: “Jhesú no habría escogido 12 Apóstoles y 72 Discípulos sin ninguna razón. Él esquematizó su acción dentro de la sustancia humana descendida, al escoger los símbolos de los 12 signos del Zodiaco, de los 72 semi-decanos y de los 360 grados del circulo (360 afiliados). El no hace sino cumplir su propia ley, lógica, armónica, orgánica, como el Verbo Creador”. (Pág. 212. “Los Grandes Mensajes. Segundo Mensaje. Los Centros Iniciáticos”).
Eduardo Rafael Flores Zazueta