El profundo significado de la figura de “Adán y Eva”

El profundo significado de la figura de “Adán y Eva”

La figura de Adán y Eva ha sido interpretada durante siglos desde una lectura literal, moral o teológica. Sin embargo, tanto la Cábala hebrea como la Tradición Iniciática universal coinciden en que el Génesis bíblico no es un relato histórico en sentido moderno, sino un texto simbólico, cosmogónico y antropológico, que describe procesos de conciencia, ciclos cósmicos y etapas de la humanidad. Con base al Nuevo Testamento, en 2 Corintios 3:6 (“la letra mata, mas el espíritu vivifica”), Orígenes de Alejandría advertía: “Quien se aferra a la letra y no penetra el espíritu, se priva del verdadero sentido de las Escrituras.” (De Principiis).

El ilustre matemático, masón, filósofo y esoterista francés René Guénon, en su obra “El simbolismo de la cruz”, escribió: “Los relatos tradicionales nunca deben ser tomados como historia profana, sino como la expresión simbólica de realidades metafísicas”.

La interpretación Esotérica de los Textos Sagrados.

Los cinco primeros libros del Antiguo Testamento son: Génesis (Bereshit); Éxodo (Shemot); Levítico (Vayikrá); Números (Bemidbar) y Deuteronomio (Devarim); en su conjunto, conocidos como Pentateuco (del griego, pénte, cinco y téukhos, rollo). Estos libros conforman la Torá, la Ley Mosaica de los judíos; constituye la base y el fundamento del Judaísmo.

Todos los Libros Sagrados tienen tres niveles de interpretación: Propio, Figurado y Jeroglífico, o como lo expresó el filósofo griego Heráclito de Éfeso, el del Parlante, el del Significante y el del Ocultante. Al leer cualquier texto sagrado de manera literal, nos quedaremos siempre en el primer nivel de interpretación y que nos puede parecer ilógico o absurdo. En los textos tibetanos, el nivel de interpretación se realiza de acuerdo al color de la tinta empleada. El mismo Jesús utilizó dos lenguajes, uno para el pueblo en general, alegórico, en parábolas y otro, directo para sus discípulos: “Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; más a ellos no les es dado… Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.” (Mateo 13:10, 11 y 13). Leer el libro de Annie Besant: “Cristianismo Esotérico. Los Misterios de Jesús de Nazareth”.

“De acuerdo con el Zohar, un texto fundamental del pensamiento cabalístico, el estudio de la Torá puede llevarse a cabo de acuerdo a cuatro interpretaciones (Exégesis). Estas son:

  • Peshat (simple en hebreo). Es la interpretación directa del contenido (sentido Propio).
  • Remez (insinuaciones). Es el significado alegórico (Figurado).
  • Derash (investigar). Analizar con una comparación imaginativa de otras palabras o versos.
  • Sod (secreto). Abarca el significado esotérico y metafísico expresado en la cábala (Jeroglífico).

La cábala es considerada por sus adeptos como una parte esencial del estudio del Torá, que es un deber inherente para quienes practican la religión judía.

La Cábala, constituye la parte esotérica de la religión judía en general y de la Torá en particular. Para interpretar la Ley, existen tres sistemas o métodos:

  • Gematría. Considera el valor numérico de la palabra o palabras del texto, cuyo sentido se indaga, y que será el de otra palabra extraña cuyas letras sumen el mismo valor numérico.
  • Temurá. El nuevo sentido de una palabra sale transponiendo las letras de que se compone, o separándolas de manera que formen diferentes palabras; es decir, un procedimiento anagramático.
  • Notaricón. Se juntan a manera de acróstico, las letras iniciales o las finales de las palabras de una frase, cuyo sentido necesita interpretarse para descubrirlo con la palabra resultante. (“Wikipedia. Cábala”).

El Hombre Primordial según la Cábala hebrea.

“Adam Kadmon (en hebreo: אדמ קדמון, ‘Hombre Primordial’, también llamado Adam Elyon אָדָם עֶלִיוֹן o Adam Ila’ah אָדָם עִילָּאָה, ‘Hombre Supremo’; abreviado como א’ק, A’K) y este a su vez del arameo, ‘Hombre de la tierra’, significa ‘Hombre Primordial’ en los textos de la Cábala y se refiere al primer Mundo espiritual que nació después de la contracción de la luz infinita de Dios. Adam Kadmon es diferente del Adam HaRishón (el Adán) físico.

En la Cábala luriana, el Adam Kadmon tiene un elevado estado, equivalente al Purusha de los Upanishads y comparable al Anthropos del gnosticismo. El Adam Kadmon, el hombre original, es la síntesis del Árbol de la Vida cabalístico que emana del Ein Sof. En la Cábala luriana, la descripción del Adam Kadmon es antropomórfica. No obstante, el Adam Kadmon es luz divina sin «recipientes», es decir, potencial puro. En la psique humana, el Adam Kadmon corresponde a la Yejidá, la esencia colectiva del alma.” (“Wikipedia. Adam Kadmon”).

“En la Cábala, Adán no es un hombre de carne y hueso, sino Adam Kadmon, el Hombre Cósmico Primordial, emanación directa del Ein Sof (el Infinito). Adam Kadmon es la estructura arquetípica del ser humano, anterior a la división, al tiempo y a la materialización. Eva, por su parte, no es ‘creada’ como subordinada, sino que simboliza la polaridad receptiva, la capacidad de manifestación y diferenciación. En términos cabalísticos es:

  • Adán representa la conciencia unificada, andrógina y luminosa.
  • Eva representa la exteriorización de esa conciencia en la dualidad.” (“ChatGPT. Adam Kadmon”).

El Avatar de esta Era de Acuario, el Maestre Serge Raynaud de la Ferrière, precisa lo siguiente: “Adán puede ser asimilado a la letra Yod y Eva (He-Vaw-He) hace su complemento de principio, para simbolizar el nombre de Dios: Yod-He-Vaw-He (Adán + Eva).” (Pág. 41. “Los Propósitos Psicológicos. Tomo X. Educación Cristiana”). Sería Ometéotl, la dualidad divina de los mexicas; del náhuatl, ome, dos y teotl, energía sagrada: conformada por Ometecuhtli, el Principio Masculino y Omecihuatl, el Principio Femenino.

La “caída” no es un pecado moral, sino un descenso vibratorio: el paso del estado unitario al estado dual, del Árbol de la Vida al Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, es decir, al mundo de las oposiciones. “Adam fue creado a imagen de lo alto y de lo bajo; mientras permaneció unido, no conoció separación.” (Zóhar, I, 47a).

Adán y Eva en la Tradición Iniciática.

Con elación a la Iniciación, el Maestre Serge Raynaud de la Ferrière, apunta lo siguiente “La Iniciación prehistórica nos enseña que la unión de dos razas humanas (la raza de AD y la raza de AM) aun en el estado casi animal, dio nacimiento  a la raza de AD-AM o Adán que fue la primera en poseer una conciencia y una inteligencia verdaderamente humanas, lo que equivale a decir que fue la primera raza que realizó el ideal masónico en cuanto al perfeccionamiento se refiere y a la superación del individuo.” (Pág. 21. “Libro Negro de la Francmasonería”).

En otra de sus obras, escribió: “Recordemos al pasar que el nombre de Adán ligado así a los cuatro elementos es rico en enseñanzas. Es un hecho que según numerosos mitos, el primer hombre fue realizado por una concentración de fuerzas elementales ligándolo así al mundo físico, el Espíritu se convierte de ese modo en prisionero de la materia. Es entonces que si él puede realizarse, deberá rehacer la operación  contraria (la Gran Obra de Alquimia espiritual). A saber: que su constitución está basada sobre los mismos elementos (sólido, acuoso, gaseoso e ígneo) que la Naturaleza y por una transmutación, encontrar la misma vibración cósmica de nuevo con el fin de liberarse y regresar a la Conciencia Universal. Eso es el YUG (identificación) por el cual el ser humano, retoma una pulsación original y vuelve de nuevo al Adán Primitivo compuesto por los 4 elementos de la física antigua: Tierra-Agua-Aire-Fuego. Le queda entonces la recuperación en los elementarios por un trabajo al cual se dan particularmente aquellos que practican el Laya-Yoga (vía de la desintegración total) para unirse (yoghi) de nuevo en el Gran-Todo Espiritual.” (Pág. 29. “Los Propósitos Psicológicos Tomo XXV. Los Gnósticos”).

Adán y Eva como Arquetipos Universales.

“En ‘Mysterium coniunctionis: investigación sobre la separación y la unión de los opuestos anímicos en la alquimia’, Carl Gustav Jung propone una lectura radicalmente distinta del relato bíblico de Adán y Eva. Lejos de considerarlo una crónica histórica o una alegoría moral sobre el pecado, Jung lo interpreta como un mito iniciático universal, expresión simbólica de procesos profundos de la psique humana. Adán y Eva no son personajes individuales, sino arquetipos: imágenes primordiales del inconsciente colectivo que describen el nacimiento de la conciencia, la pérdida de la unidad original y el arduo camino hacia la integración interior.

Desde esa perspectiva, el Génesis bíblico no narra una caída moral, sino una iniciación cósmica y psicológica: el tránsito de la inconsciencia unificada hacia la conciencia diferenciada, condición indispensable para la individuación. El simbolismo detrás de las figuras de Adán y Eva trasciende la narrativa bíblica, funcionando como una representación arquetípica de la condición humana, la dualidad, la conciencia y la relación entre lo divino y lo material. Estas figuras son espejos de las contradicciones humanas, abarcando desde la inocencia original hasta la toma de conciencia del bien y del mal.

  1. Adán representa la totalidad primordial. Para Jung, Adán simboliza el estado original de la psique humana: una totalidad indiferenciada, previa a toda división entre sujeto y objeto, espíritu y materia, masculino y femenino. En términos psicológicos, este estado corresponde al Self (el Sí-Mismo) arquetípico no consciente, y en el lenguaje alquímico a la primera materia: caótica en apariencia, pero plena de potencial. ‘Adán representa la totalidad original del ser humano, anterior a la división en opuestos.’ (C. G. Jung, ‘Mysterium Coniunctionis’). Este Adán primordial no posee conciencia reflexiva. Vive en un paraíso que no es virtud, sino inconsciencia. No hay conflicto porque no hay diferenciación; no hay culpa porque no hay elección.
  2. Eva es el principio de diferenciación. La aparición de Eva no debe entenderse como subordinación ni error, sino como el acto fundador de la conciencia. Eva surge de Adán porque la conciencia emerge de la totalidad inconsciente. Ella representa el principio relacional, mediador y transformador: la irrupción de la alteridad dentro de la unidad. ‘La separación de Eva respecto de Adán significa el comienzo de la diferenciación consciente.’ Sin Eva no hay mirada, no hay reflejo, no hay autoconocimiento. La psique necesita un ‘otro’ para reconocerse a sí misma. En este sentido, Eva es el arquetipo de la conciencia naciente.
  3. La caída es una necesidad psicológica. Uno de los aportes más revolucionarios de Jung, es su afirmación de que la caída no fue un error moral, sino una necesidad psíquica. ‘La caída no fue una catástrofe moral, sino una necesidad psicológica.’ Comer del fruto del árbol del conocimiento simboliza el acceso a la conciencia de los opuestos: bien y mal, luz y sombra, masculino y femenino. Este acto inaugura el sufrimiento, pero también la libertad. La conciencia implica pérdida de la unidad original, y con ella surgen la culpa, el dolor y la responsabilidad. ‘Con la conciencia llega la culpa, y con la culpa llega el sufrimiento.’ El paraíso se pierde no como castigo, sino como consecuencia inevitable del despertar.
  4. Sexualidad simbólica y alquimia interior. Jung relaciona constantemente a Adán y Eva con los símbolos alquímicos del Rey y la Reina, el Sol y la Luna, el azufre y el mercurio. La sexualidad aquí no es biológica, sino simbólica: representa la tensión dinámica entre los opuestos psíquicos. La unión y separación de Adán y Eva describen el mismo proceso que la alquimia llamó ‘solve et coagula’, disolver la unidad inconsciente para recomponerla en un nivel superior.
  5. Del pecado original a la individuación. En la psicología junguiana, el llamado ‘pecado original’ equivale al inicio del proceso de individuación. El ser humano se convierte en individuo cuando abandona la unidad inconsciente y asume la tensión de los opuestos dentro de sí. El exilio del Edén simboliza la condición humana: vivir fuera de la totalidad inconsciente para buscar una totalidad consciente. ‘La meta no es regresar al estado original, sino alcanzar una totalidad consciente.’ Esta meta no consiste en negar la dualidad, sino en integrarla.
  6. La Coniunctio, del latín, unión, conjunción. Es un concepto fundamental en la alquimia, la psicología junguiana y la filosofía, que representa la unión mística o sagrada de opuestos; el retorno consciente a la Unidad. El final del camino iniciático no es el retorno a Adán, sino a la unión consciente de los opuestos. Esta unión no elimina las diferencias, sino que las mantiene en equilibrio dinámico dentro del Self (el Sí-Mismo). Así, Adán y Eva reaparecen al final del proceso no como unidad inconsciente, sino como síntesis viviente: masculino y femenino reconciliados en la conciencia.

El mito de Adán y Eva deja de ser una narración de culpa para convertirse en una enseñanza iniciática universal. Nos habla del precio de la conciencia, del valor del conflicto interior y de la finalidad última de la existencia humana: la realización del mediante la integración de los opuestos. Adán y Eva no quedaron atrás en un pasado mítico. Siguen viviendo en cada ser humano que despierta, cae, sufre, busca y, finalmente, integra.” (“ChatGPT. Carl Gustav Jung: Adán y Eva como Arquetipos”).

La Era Adámica inició con Géminis y finalizó en Piscis.

La Tradición Esotérica enseña que la llamada Era Adámica no corresponde a una sola Era Zodiacal, sino a un gran ciclo de cuatro Eras, gobernado por la Precesión Equinoccial. Desde la Creación del Génesis con la “primer pareja”: Adán y Eva, que simbolizan al Signo de Géminis; hasta el Fin de los Tiempos, en el Juicio Final del Apocalipsis, con el doceavo y último Signo del Zodíaco, que es Piscis.

  1. Géminis. Dualidad, lenguaje, nacimiento de la mente. Símbolo Zodiacal: Los Gemelos.
  2. Tauro. Culto a la materia, la fertilidad. Símbolo Zodiacal: El Toro.
  3. Aries. Dominio del fuego, la ley, el sacrificio. Símbolo Zodiacal: El Carnero.
  4. Piscis. Redención, fe, sacrificio espiritual. Símbolo Zodiacal: El Pez.

Desde la Tradición Iniciática, Adán y Eva simbolizan la Era Zodiacal de Géminis, regida por la dualidad, el desdoblamiento y el nacimiento del pensamiento reflexivo. Géminis es:

  • El signo de los dos, el de los gemelos.
  • El inicio del lenguaje, la mente racional y la conciencia de separación.
  • El paso de la unidad indiferenciada a la experiencia del ‘yo’ y el ‘otro’.

En la mitología griega los Dioscuros (en griego Dióskouroi, ‘hijos de Zeus’) eran dos famosos héroes, hijos gemelos de Leda y hermanos de Helena de Troya y Clitemnestra, llamados Cástor y Pólux o Polideuco. En latín eran conocidos como Gemini, ‘gemelos’ y a veces como Castores. Los dioses gemelos existieron en otras culturas, como los latinos Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad de Roma. Finalmente sería Rómulo quien la fundaría, de allí su nombre, constituyéndose en su primer rey y los Asvins, los mellizos inseparables de la mitología védica.

Adán y Eva no son individuos, sino la humanidad geminiana, que por primera vez se reconoce separada de la Fuente. La famosa frase bíblica: “seréis como Dios, conociendo el bien y el mal” (A.T. Génesis 3:5), alude al despertar de la mente dual. La expulsión del Paraíso, simboliza el abandono de la conciencia edénica de la unidad y la entrada a la dualidad: al mundo del tiempo, del esfuerzo y del sufrimiento.

El libro Dramáticas Profecías de la Gran Pirámide, de Rodolfo Benavides, consigna la cronología de acontecimientos que figura plasmada en la galería de la Gran Pirámide. En dicha cronología, el año 2001 figura como el fin de la Era Adámica y la fecha exacta es el 17 de septiembre de 2001, fecha cercana al 11 de septiembre de 2001, cuando se marcó un hito, un antes y un después en la historia de la humanidad, tras la caída de las Torres Gemelas, en Estados Unidos de América (es de Signo Solar Cáncer, con el Ascendente en Géminis). Esa culminación de una era generó el “Gran Cambio”; lo que implicó que el modo de vida que conocíamos hasta ese momento, ya nunca sería igual.

Esta época en que vivimos corresponde al final del Quinto Sol de las culturas mesoamericanas: es Olintonatiuh, el Sol de Movimiento y que finaliza con terremotos; también corresponde al fin del Kali Yuga, la Era de Hierro de los hindúes: “Cuando el Kali Yuga prevalece, la verdad disminuye y la ignorancia gobierna el mundo.” (Vishnu Purana). Sólo la elevación de la conciencia de la Humanidad, puede evitar la catástrofe profetizada por todos los pueblos antiguos.

Del Génesis al Apocalipsis: caída y retorno.

La Biblia no es un libro histórico lineal, sino un Mapa Iniciático de la Conciencia Humana. La Biblia narra dos movimientos:

  • La caída. Desde la Unidad (Adam Kadmon) hacia la fragmentación.
  • El retorno. Desde la fragmentación hacia la reintegración.

El autor canadiense sobre obras de ocultismo, mitología y religiones Manly P. Hall, lo expresa con claridad: “El mito de la caída del hombre describe el momento en que la humanidad pasó de la percepción unitaria a la conciencia dual.” (“Las Enseñanzas Secretas de Todos los Tiempos”).

En el “El mito del eterno retorno”, el filósofo, historiador de las religiones y novelista rumano Mircea Eliade, afirma que, “Las edades del mundo no son castigos, sino fases necesarias del ritmo cósmico”. El Apocalipsis no anuncia el fin del mundo, sino la Revelación de una Nueva Conciencia. Es el cierre de la Era Adámica y la preparación para un nuevo ciclo más luminoso.

Eduardo Rafael Flores Zazueta

Mahesh

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