Ser una Persona Auténtica

Una persona auténtica es aquella que actúa con coherencia entre sus pensamientos, valores y acciones, mostrándose tal cual es, sin falsedades, ni máscaras para complacer a los demás. Se caracterizan por un alto autoconocimiento, aceptando sus virtudes y defectos, y por ser fieles a sí mismas en cualquier situación.
“¿Qué significa ser una persona auténtica?

La autenticidad implica saber quiénes somos. Aunque parezca algo fácil, la realidad es que en muchos casos acabamos dejando de ser nosotros/as mismos/as para seguir un estilo de vida que no va ligado a ello. Cuando somos persona auténtica, esto influye significativamente en el placer que obtenemos de nuestras experiencias, además que acaba afectando a nuestro juicio y comportamiento. Inconscientemente solemos valorar más a la autenticidad; solemos admirar a aquellos más originales que a las personas que siguen a los demás. Por lo tanto, ser auténticos implica seguirnos a nosotros/as mismos/as, es decir, tener un alto autoconocimiento y valor personal.

¿Cómo son las personas auténticas?

Las personas auténticas y transparentes suelen tener algunas características que definen su autoconocimiento y su buena autoestima. Algunos de los rasgos de una persona auténtica son los siguientes:
- Coherencia. Viven de acuerdo con sus propios principios y no cambian para adaptarse a expectativas ajenas.
- Autoconocimiento y aceptación. Se conocen bien, aceptando sus fortalezas y vulnerabilidades, lo que les da una autoestima sólida.
- Honestidad y transparencia. Son sinceras y directas, comunicando lo que piensan y sienten con naturalidad.
- Asertividad. Son capaces de expresar sus opiniones y decir ‘no’ sin sentir culpa, respetando a la vez a los demás.
- No buscan aprobación. No necesitan el aplauso externo ni aparentar ser quienes no son, ya que actúan por convicción interna.
- Empatía y ausencia de juicio. Suelen ser personas amables y respetuosas que no juzgan, prefiriendo la comprensión.
- Responsabilidad. Asumen sus errores y se hacen cargo de sus emociones.
Estas son algunas de las características de las personas auténticas. Como vemos, ser más nosotros/as mismos/as es una actitud que conlleva muchos beneficios para nuestra salud mental y emocional.

¿Cómo es ser una persona inauténtica?

Las personas que no son auténticas no son fieles a sí mismas y tienen las siguientes actitudes:
- Uso constante de máscaras sociales. La persona interpreta papeles según el contexto, dice lo que otros quieren oír, oculta su verdad y adapta su personalidad para agradar.
- Dependencia de validación externa. Su autoestima depende de la aprobación, reconocimiento o aceptación de los demás.
- Desconexión emocional. A menudo no sabe realmente qué siente o reprime emociones para mantener una imagen.
- Incongruencia. Existe separación entre el yo real y el yo idealizado; vivir alejados de la experiencia auténtica para cumplir ‘condiciones de valor’ impuestas por otros.
- Sensación de vacío o falsedad. Aunque externamente pueda parecer exitoso, internamente experimenta insatisfacción, ansiedad o falta de sentido.

La persona inauténtica suele vivir según mandatos heredados: ‘debo ser así’, ‘debería actuar así’, perdiendo contacto con su propia esencia. La autenticidad se trata de aquellas cualidades que muestran que somos personas maduras psicológicamente. Es decir, son cualidades que nos ayudan a encontrar el equilibrio y a ser más sanos mentalmente.” (“Mundo Psicólogos. ¿Qué significa ser una persona auténtica? Virtudes asociadas a la autenticidad”).

“El Proceso de convertirse en Persona”, según Carl Rogers.

“El proceso de convertirse en persona, es un viaje que suele durar toda una vida. Carl Rogers, una figura clave en el campo de la psicoterapia moderna, nos enseñó que el ser humano es una entidad dinámica con tendencia a la autorrealización. Los cambios son una constante, así como los altibajos. Sin embargo, en ese complejísimo itinerario vamos perfilando cada vez más nuestro auténtico yo. Nuestro mayor problema son sin duda las resistencias internas y esas máscaras que a veces nos colocamos para funcionar en sociedad. Todos albergamos más de una defensa que veta nuestro crecimiento personal. Nos pesan en exceso los miedos, las heridas del ayer, las ansiedades del mañana y las insatisfacciones del presente.

Más que vivir, ‘sobrevivimos’, convirtiéndonos en entidades que no logran expandir todo su potencial. Funcionamos como autómatas que se dejan llevar por la inercia, estancados, tristes e insatisfechos. Según Rogers, convertirnos en persona implica por encima de todo ponerse en contacto con ese yo que se halla escondido, sepultado casi, bajo muchas capas de insatisfacción y superficialidad. Rogers creía en la autorrealización y en la capacidad de toda persona para lograr sus metas, sus anhelos y deseos más profundos. Él pensaba que todos disponemos de un potencial dormido para despertarlo. Asimismo, insistía en que es positivo tener en cuenta un aspecto: la vida es un proceso, no un estado. Convertirse en persona significa aceptar que no somos entidades estáticas, sino ríos que fluyen y que están en constante cambio.

Somos una maravillosa constelación de potencialidades que podemos desarrollar en diferentes fases de nuestra vida. Por ello, el crecimiento nunca deja de detenerse en nosotros, forma parte de nuestra naturaleza, de nuestra razón de ser. El proceso de convertirse en persona, inicia al tomar conciencia de los siguientes aspectos:
1. Derribar las máscaras. El primer paso consiste en reconocer los roles falsos adoptados para sobrevivir socialmente. Muchas personas viven complaciendo expectativas familiares, culturales o sociales sin preguntarse quiénes son realmente.
2. Reconocer la experiencia interna. La autenticidad exige escuchar el mundo interior: emociones, deseos, miedos, intuiciones. Rogers insiste en que el crecimiento personal comienza cuando dejamos de negar lo que sentimos.
3. Aceptarse sin condiciones. La aceptación incondicional de uno mismo permite abandonar la auto exigencia destructiva. No se trata de resignación, sino de reconocer honestamente la propia realidad.
4. Confiar en el propio organismo. Rogers afirma que la persona madura aprende a confiar en su experiencia interna como guía legítima para cada decisión.
5. Vivir existencialmente. La persona auténtica vive plenamente el presente, sin quedar atrapada en máscaras del pasado ni expectativas futuras.
6. Convertirse en un ser en proceso. La autenticidad no es una meta fija: es un flujo continuo de transformación. El yo no es una estructura cerrada, sino una realidad viva y cambiante.

La salud mental se logra al dejar de usar máscaras y permitir que el ‘yo’ real emerja y se desarrolle libremente. En nuestro interior existen poderosas herramientas y valías que son posibles de desarrollar para favorecer nuestro crecimiento y felicidad.” (“La Mente es Maravillosa. El proceso de convertirse en persona, según Carl Rogers”).
Ser personas auténticas.

Ser una persona auténtica significa atreverse a habitar la propia verdad, aun cuando ello implique abandonar máscaras cómodas o expectativas ajenas. La autenticidad requiere valentía, autoconocimiento y disposición para enfrentar la incertidumbre de ser uno mismo. Carl Rogers nos recuerda que convertirse en persona no consiste en fabricar una identidad ideal, sino en descubrir, aceptar y vivir aquello que ya somos en esencia. En una sociedad que premia las apariencias, la autenticidad sigue siendo uno de los actos más revolucionarios del ser humano; porque al final, la verdadera plenitud no nace de parecer, sino de ser.
Eduardo Rafael Flores Zazueta
Mahesh