El desprecio siempre conlleva un alto precio

El desprecio siempre conlleva un alto precio

“El desprecio se caracteriza por mantener una actitud sarcástica e irrespetuosa con la otra persona. Las personas que adoptan esta postura, asumen una posición de superioridad moral sobre el otro, que va más allá de la crítica destructiva. Ponen al otro en ridículo, a través del lenguaje verbal y no verbal. Algunos de los comportamientos más característicos son: poner apodos, voltear los ojos, ignorar al otro, imitar y repetir lo que dice con tono de burla, etc.” (“Cerebrum. Los jinetes del apocalipsis en la comunicación”).

“¿Qué es el desprecio?

El desprecio es un sentimiento negativo que se genera al considerar que alguien es inferior. Eso significa que no es simplemente una emoción, sino que también implica una valoración, que en muchos casos puede rayar con la falta de respeto. De hecho, el desprecio es lo opuesto a la empatía. La empatía implica ser capaz de ponerse en el lugar de los demás, experimentar sus emociones y comprender sus ideas. El desprecio, en cambio, implica una actitud de arrogancia y superioridad con la cual se juzga al otro.

La empatía nutre los vínculos de la relación mientras que el desprecio los rompe. De hecho, se considera que forma parte de la ‘Tríada de la Hostilidad’, la cual está formada por el desprecio, la ira y el disgusto. En este sentido, investigadores del ‘Instituto de Tecnología de California’ confirmaron que en algunas situaciones sociales la ira va de la mano con el disgusto y el desprecio, de manera que todas esas emociones se entremezclan en el mismo juicio social. Por tanto, el desprecio es una emoción compleja que se basa en una evaluación negativa de la valía de una persona, pero también despierta sentimientos de hostilidad. Así lo confirmó otro estudio realizado en la ‘Universidad de Bari’, en el que se confirmó que el desprecio no solo se ‘piensa’ sino que provoca además una gran activación de la amígdala, la estructura cerebral por excelencia donde procesamos las emociones.” (“Rincón de la Psicología. ¿Qué es el desprecio? Lo que esconde este sentimiento”).

¿Cómo se manifiesta el desprecio?

“El desprecio, tiene características que la hacen particular desde el punto de vista del origen neurológico y desde su forma de procesamiento. La naturaleza del desprecio radica en una reacción intencional de rechazo, menosprecio, menoscabo o desestimación hacia otra persona o cosa, habida cuenta que uno la considera inferior. Por lo tanto, participan en su producción mecanismos cerebrales que ameritan la intervención de funciones cognitivas como el pensamiento, el juicio y el razonamiento. Esto es así pues se requiere un proceso mental de valoración cuya conclusión es el desprecio. Vale decir que, si bien el desprecio tiene una expresión facial que le es propia, en esta emoción interviene cierto grado de intelectualización que permite concluir que tal persona o cosa resulta despreciable a nuestro entender.

El rostro que representa esta emoción, puede ser discretamente variable y relativamente difícil de identificar. Puede simular una pequeña mueca, semejante a una discreta sonrisa que se expresa en las comisuras de la boca unilateral o bilateralmente. Algunas veces, incluso, puede agregarse a esta expresión de desprecio cierto tono expresivo de placer o gozo, cuando la persona suma al menosprecio una satisfacción peyorativa, acentuando más el demérito y colocándose en una posición de superioridad. El desprecio incluye en su evocación, un componente cognitivo donde el razonamiento determina un juicio de valor.” (Págs. 63-64. “Emoción y Sentimientos”. Dr. Daniel López Rosetti).

“El desprecio genera daño psicológico y rompe relaciones.

El desprecio es una de las expresiones más destructivas de las relaciones humanas, porque no solamente lastima a quien lo recibe, sino que también deteriora emocional y moralmente a quien lo practica. El desprecio tiene la forma de una palabra que hiere y desmoraliza. Es también un gesto, la mueca de un labio o una ceja que refleja rechazo por aquello que dices o haces en un momento dado. Pocos comportamientos resultan tan dañinos para la integridad psicológica como esos que, poco a poco, acaban rompiendo una relación de pareja o marcan para siempre el desarrollo de un niño. A pesar de que estemos más acostumbrados a hablar y a leer sobre aspectos relacionados con el odio o la indiferencia, cabe señalar que el desprecio es sin duda la emoción más letal. Es esa arma de destrucción masiva que requiere de algo más de sofisticación. Así, mientras la rabia o la indiferencia pueden ser reacciones puntuales y momentáneas, el desprecio parte de un subterráneo más oscuro.

Quien desprecia tiene la clara intención de humillar al otro. Busca ridiculizar, empequeñecer e incluso anular a la otra persona de forma abierta y manifiesta. Lo hace buscando la oportunidad perfecta y lo consigue practicándolo a diario hasta dejar una herida en la mente, una fractura en el amor propio y rompiendo para siempre el lazo de la confianza. Todos de algún modo, tenemos en mente el recuerdo de esa situación en la que sentimos la herida del desprecio. Tal vez fue en la infancia, cuando alguien no entendió nuestro esfuerzo al hacer aquel dibujo, aquel detalle que en un momento dado fue criticado y hasta ridiculizado. Puede que alguno de nuestros padres tuviera incluso esa peculiar habilidad, la de menospreciar cada cosa hecha, dicha o deseada.

Aún más, cabe la posibilidad de que hayamos pasado por una relación afectiva donde nuestra pareja tuviera esa costumbre. La de hacer una mueca con la boca cuando comentábamos algo. La de criticar nuestros gustos, la de menospreciar opiniones, la de cosificar cada pequeña cosa que hacíamos o dejábamos de hacer. No es casualidad por ejemplo que John Gottmann, psicólogo y reconocido experto en relaciones de pareja, enunciara después de una investigación de casi cuatro décadas, que el desprecio es sin duda uno de los factores que predice la mayoría de las rupturas.” (“La Mente es Maravillosa. El desprecio genera daño psicológico”).

Las tres causas fundamentales del desdén, según la ciencia.

El desprecio suele ser una reacción ante una situación específica, generalmente ante el comportamiento de una persona o grupo. Podemos sentir desprecio porque nos han herido, insultado o humillado profundamente, pero también ante lo que consideramos una transgresión inaceptable.

  1. Rechazo social. A menudo el desprecio surge de un rechazo social, como cuando no somos correspondidos y terminamos despreciando a quien era objeto de nuestro amor. Un estudio realizado por el psicólogo Roy Baumeister en 1993, comprobó que, en el amor no correspondido, el 25% de los rechazados informaron albergar sentimientos negativos hacia el objeto de su amor: entre ellos el desprecio. En esos casos, sería una emoción ‘equilibradora’ ante el rechazo, para compensar el golpe que ha sufrido el ego.
  2. Transgresión moral. También podemos sentir desprecio hacia alguien que ha transgredido un código moral, como es el caso del maltrato, la traición, el engaño o la falta de respeto. De hecho, el desprecio es una ‘emoción moral’. En contraste con otras emociones, el desprecio normalmente es una respuesta ante lo que consideramos una transgresión de los límites y las normas, ya sean sociales o personales. En este sentido, un estudio muy interesante llevado a cabo en la ‘Universidad de Pensilvania’ reveló que en algunos casos el desprecio suele ser la respuesta a una transgresión moral. En la práctica, reaccionamos: con desprecio cuando se viola la jerarquía social o el deber grupal (lo comunitario); con ira cuando se violan los derechos individuales (la autonomía) y con asco cuando se viola la pureza o la santidad (la divinidad).
  3. Conflictos recurrentes. Cuando las discusiones se repiten una y otra vez sin resolución, se va erosionando la paciencia y el respeto mutuo. Lo que al principio pudo ser una diferencia de opiniones o un malentendido, con el tiempo se transforma en una batalla de desgaste. En ese escenario, el desprecio aparece como una forma de resumir todo ese hartazgo acumulado: ya no se trata solo de lo que se discute, sino de lo que la otra persona empieza a representar emocionalmente. Sus palabras, gestos o actitudes se vuelven intolerables, casi como si su sola presencia activara una reacción de rechazo interior.

No obstante, el desprecio no depende únicamente de lo que nos ocurre, no es una emoción reactiva, sino que también depende de cómo procesamos la situación. Se ha demostrado que las personas más empáticas suelen sentir menos desprecio ya que intentan comprender a los demás en vez de juzgarlos. Al contrario, las personas más egocéntricas y narcisistas suelen experimentar más desprecio. De hecho, si alguien cree que es superior, percibirá a los demás como inferiores y existirán más probabilidades de que los desdeñe.” (“Rincón de la Psicología. ¿Qué es el desprecio? Lo que esconde este sentimiento”).

“¿Qué hay detrás del desprecio?

Existen algunas señales que podrían indicar que el desprecio está mermando tu relación de pareja, amistad o familiar. Cuando ello sucede, puede significar que sientes menos cariño, admiración o incluso respeto hacia tu pareja. Es decir, que empiezas a no disfrutar ni valorar su opinión. Teniendo en cuenta esto, algunos de los ejemplos de desprecio que pueden darse en un vínculo son los siguientes:

  1. Falta de respeto. No tratar a una persona con respeto implica tanto signos físicos como verbales. Por ejemplo, puede significar que no existe el beneficio de la duda y que estas personas acaban interpretando de manera muy negativa las intenciones y las conductas de la otra. Estas actitudes pueden acabar implicando que se pierda la confianza, la admiración y el aprecio hacia el otro.
  2. Competencia. En lugar de ver a la otra persona como una aliada, la ves como la competencia. Esto es sinónimo de intentar conseguir el poder o superar a la otra persona en diferentes áreas de la vida, como puede ser el trabajo, la familia, las finanzas, etc. De hecho, si la otra persona tiene algo que celebrar, es muy probable que se resienta, minimice o ignore este hecho.
  3. Críticas constantes. Si en una relación predominan las críticas y las correcciones, esto puede acabar generando una dinámica en la que uno habla con condescendencia o existen críticas hacia el carácter o personalidad de la otra persona. Esto puede generar una falta de sentimiento de libertad o autenticidad dentro de la relación.
  4. Lenguaje corporal irrespetuoso. Hacer muecas o transmitir un lenguaje corporal negativo a tu pareja o a una persona mientras habla se trata de una actitud de desprecio que puede acabar generando un malestar a la otra persona. Incluso actos como hacer más caso al teléfono mientras se habla con la otra persona, puede ser un gesto de desprecio.

Teniendo en cuenta esto, es importante que empieces a afrontar esta situación como es debido y marcando límites.” (“Mundo Psicólogos. ¿Cómo actuar con una persona que te desprecia? Las causas detrás de esta actitud”).

¿Qué emociones negativas despierta el desprecio?

El desprecio despierta principalmente emociones de ira, asco o repugnancia, tristeza, ansiedad y baja autoestima en la persona que lo recibe.

El efecto de la “Privación Relativa”.

“Es la percepción subjetiva de que se está en una situación de desventaja, carencia o injusticia en comparación con un estándar de referencia o con otras personas, independientemente de la situación económica o material objetiva. No depende de lo que la persona realmente posee, sino de la brecha entre lo que tiene y lo que cree que debería tener o lo que ve en los demás. Puede provocar resentimiento, estrés laboral, problemas de salud mental y física, o la participación en conflictos y conductas de desviación social.” (“Wikipedia. Privación relativa”).

¿Cómo liberarse del desprecio?

  1. Examina tus pensamientos. La raíz del desprecio suele encontrarse en nuestros estereotipos y prejuicios, los cuales alimentan la hostilidad y la creencia de que quienes no son iguales a nosotros, son inferiores. Por eso, es fundamental escudriñar nuestros pensamientos en búsqueda de las semillas del desdén hacia determinados grupos. Ser conscientes de ello, limitará su poder sobre nuestro pensamiento y comportamiento. Podemos preguntarnos: ¿me burlo de las personas cuando se equivocan?; ¿considero inferiores a quienes piensan diferente?; ¿utilizo el sarcasmo para humillar?; ¿me cuesta reconocer las cualidades de alguien con quien estoy en conflicto? y/o ¿confundo el respeto con estar de acuerdo?
  2. Practica la empatía. Es difícil experimentar desprecio cuando nos ponemos en el lugar del otro. Si intentamos recorrer su camino usando sus zapatos, podemos comprender mejor sus actitudes y decisiones en vez de albergar sentimientos de hostilidad ya que normalmente esta nace de la incomprensión y el miedo a lo diferente. Por tanto, el mejor antídoto contra el desprecio consiste en ser más empáticos.
  3. No busques la perfección. La perfección no existe, pero si la buscamos en los demás y no la encontramos, corremos el riesgo de catalogarlos como inferiores y comenzar a despreciarlos. Para liberarnos de este sentimiento también debemos deshacernos del perfeccionismo. Debemos asumir que todos tenemos virtudes y defectos, y que cada quien tiene su manera de hacer las cosas y pensar y que no es mejor ni peor, sino solo diferente.
  4. Deja de juzgar. Cuando dejamos de criticar encontramos la paz interior. Cuando dejamos de juzgar a los demás según nuestra vara de medir, le cortamos el oxígeno al desprecio, por lo que no podrá sobrevivir. Hay que asumir de una vez y por todas que los demás no tienen que comportarse según nuestras expectativas y normas y que no tenemos el derecho a juzgarlos o criticarlos solo porque no compartan nuestra manera de ver la vida. Debemos aprender a vivir y dejar vivir.
  5. Perdona más. El desprecio suele cocinarse a fuego lento, alimentado por las llamas del rencor. Sin embargo, si perdonamos a esa persona y le damos una segunda o tercera oportunidad, estaremos librándonos de las emociones negativas que también nos consumen y dañan. Debemos tener presente que perdonar es – sobre todo y ante todo – un acto de liberación personal. Perdonar no significa aceptar el daño que nos han hecho, sino darnos la posibilidad de deshacernos de su influjo.

En última instancia, el desprecio nos habla más de nuestras heridas y estereotipos que de los defectos del otro. Es una emoción que se disfraza de superioridad, pero muchas veces nace del dolor, la frustración o la decepción. Aprender a reconocerlo y comprender su origen es el primer paso para desmontar sus efectos, tanto en nuestras relaciones como en nuestra salud mental.” (“Rincón de la Psicología. ¿Qué es el desprecio? Lo que esconde este sentimiento”).

Nadie es más grande ni más pequeño que los demás.

El desprecio es una de las actitudes más destructivas de la convivencia humana porque transforma las diferencias en descalificaciones, los desacuerdos en enfrentamientos personales y los conflictos en heridas emocionales. Su característica más perjudicial consiste en negar, explícita o implícitamente, el valor de otra persona. El desprecio constituye una de las formas más dolorosas de rechazo interpersonal, porque transmite un mensaje particularmente destructivo: No eres suficientemente importante para merecer mi consideración.

El desprecio siempre conlleva un alto precio porque destruye la confianza, debilita los vínculos afectivos, alimenta el resentimiento y puede terminar aislando a quien lo practica. Comprender su naturaleza, sus causas y sus consecuencias es indispensable para evitar que se convierta en una forma habitual de relacionarnos con los demás. Siempre hay algo bueno que aprender de los que nos rodean: al reconocer sus cualidades, sus esfuerzos y sus comportamientos positivos. Somos la suma de esos acercamientos y aprendizajes. Reconozcamos el valor que tienen todos nuestros semejantes.

Eduardo Rafael Flores Zazueta

Mahesh

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