¿Qué te falta por hacer para que después no te arrepientas por ello?

“Si hay una emoción que lacera es el arrepentimiento. Bien es cierto que, como la mayoría de las emociones, cumple una función. Y no es otra que la de invitarnos a solucionar aquello que hicimos mal. Sin embargo, cuando se arriba a edades avanzadas, hay cosas irreparables y que solo podemos asumir. La ‘Universidad de Manitoba’, en Canadá, nos indicó cómo afecta esta realidad emocional a la calidad de vida e incluso a la salud de la persona. Es una dimensión, por tanto, de gran relevancia para el bienestar psicológico y que no podemos dejar de lado.” (“La Mente es Maravillosa. ¿De qué suelen arrepentirse los adultos mayores?”).
Las cosas de las que nos podemos arrepentir.

“Es sabido que la cercanía de la muerte da la lucidez necesaria para hacer la memoria y balance de nuestras vidas. Lo sorprendente es que casi todos sienten remordimiento por las mismas cosas. Bronnie Ware es una escritora australiana que trabajó por muchos años en cuidados paliativos, es decir, asistiendo a enfermos desahuciados a los cuales se trata sólo con el fin de aliviarles el dolor en el tiempo que les queda por vivir. A partir de su experiencia, escribió un artículo que más tarde se convirtió en libro, ‘Los 5 principales remordimientos de los moribundos’ (‘The Top Five Regrets of the Dying’). Lo llamativo es que, al igual que las personas que han pasado por experiencias cercanas a la muerte -paros cardíacos, coma- y describen las mismas visiones y sensaciones, también los enfermos terminales experimentan los mismos sentimientos frente a la inminencia del final.

‘La gente crece mucho cuando se enfrenta a su propia mortalidad, dice Ware. Aprendí a no subestimar la capacidad de nadie para crecer. Algunos cambios fueron fenomenales. Cada uno experimenta una variedad de emociones, como es de suponer, negación, miedo, enojo, remordimiento, más negación y eventualmente aceptación. Cada paciente individual encontró su paz antes de partir’. A sus pacientes, todas personas enviadas a sus casas para morir en un entorno amigable, ella les preguntó acerca de las cosas que hubieran hecho de modo diferente en sus vidas y ‘una y otra vez surgieron temas comunes’, explica. Ella enunció de este modo en su libro los cinco más frecuentes:
- Ojalá hubiese tenido el coraje para vivir una vida auténtica por mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí. Es el auto reproche que más ha escuchado Bronnie Ware. ‘Cuando la gente se da cuenta de que su vida está casi terminada y mira hacia atrás con lucidez, es fácil ver cuántos sueños quedaron truncados. La mayoría no ha realizado ni siquiera la mitad de ellos y debe morir sabiendo que se debe a las elecciones que ha hecho o que no ha hecho’.
- Ojalá no hubiese trabajado tanto. Es un remordimiento masculino por excelencia. ‘Todos los hombres que atendí lamentaron profundamente haber empleado la mayor parte de sus vidas en la rutina laboral, dice Ware. Se perdieron la niñez de sus hijos y la compañía de sus esposas’.
- Me hubiese gustado tener el coraje para expresar mis sentimientos. ‘Mucha gente reprime sus sentimientos para mantenerse en paz con los demás. Como resultado de esto, se instalan en una existencia mediocre y nunca llegan a convertirse en lo que verdaderamente son capaces de ser. Muchos desarrollan enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento que arrastran por este motivo’, explica Bronnie Ware.
- Lamento no haberme mantenido en contacto con mis amigos. Frecuentemente se valora las amistades no suficientemente cultivadas cuando se toma conciencia de que ya no habrá tiempo de hacerlo. Como lo explica Ware en su libro, ‘muchos han quedado tan atrapados en sus propias vidas que han dejado amistades de oro perderse a través de los años’. ‘Vi un muy profundo remordimiento por no haber brindado a esas amistades el tiempo y el esfuerzo que merecían. Todos extrañan a aus amigos cuando se están muriendo’, explica.
- Desearía haberme permitido ser más feliz. De la observación de sus pacientes, la autora saca esta conclusión: ‘Muchos no se dan cuenta hasta el final de que la felicidad es una elección, dice Ware. Se han quedado trabados en viejos patrones y hábitos. (…) El miedo al cambio los ha llevado a fingir ante los demás, y ante sí mismos, que eran felices. Cuando en su interior ansiaban poder reírse con ganas y tomarse la vida con humor’.

Con la edad, los humanos adquieren una sabiduría que les habría sido más útil en los años de juventud y primera madurez. Es la ley de la vida. ‘Experiencia en carne propia es medicina de los tontos’, dice el refrán. De modo que el servicio que brinda Bronnie Ware al compartir sus observaciones, sería tal vez el de ahorrarles a muchas personas la frustración de comprender y valorar ciertas cosas cuando ya es demasiado tarde para enmendar los errores y llenar las omisiones de una vida.” (“Infobae. 5 cosas de las que te arrepentirás antes de morir”).
“Para no arrepentirte, sé más valiente y cuida lo que tienes.

¿Quieres llegar a una edad avanzada sin que los recuerdos del pasado sean un lastre? Comienza por revisar cómo es tu presente y cómo te sientes en este mismo instante. Cualquier momento es bueno para poner en marcha medidas que cieguen posibles arrepentimientos futuros. A continuación, presentamos algunas claves para cumplir años sin experimentar, en exceso, el pinchazo del lamento:
- Viaja, sé capaz de romper la rutina.
- Expresa lo que sientes por los demás.
- Cuida de tus vínculos sociales y afectivos.
- Aprecia la magia de las pequeñas cosas en tu día a día.
- Promueve instantes que te ofrezcan bienestar y felicidad.
- Toma conciencia de quién merece estar en tu vida y quién no.
- Traza propósitos que vayan en sintonía con tus valores y necesidades.
- Invierte tiempo y trabaja en tus sueños sin dejarte llevar por presiones ajenas.
- Regula mejor tu estrés y preocupaciones para disfrutar más del «aquí» y «ahora».

Si bien es cierto que no es fácil llegar al otoño de nuestras vidas sin arrepentirnos de nada, procuremos que esos vacíos sean lo más livianos posible. Aunemos valentía y no dejemos pasar esos trenes que llevan nuestro nombre y que, de algún modo, nos acercarán a la auténtica satisfacción.” (“La Mente es Maravillosa. ¿De qué suelen arrepentirse los adultos mayores?”).

Pregúntate: ¿qué haría si me quedara un mes de vida?

Si nos hacemos esta pregunta, es aquí en donde vamos a dar relevancia y a priorizar lo que realmente es importante en nuestra vida. En Telmex, tuve un compañero de trabajo a quien le diagnosticaron VIH / SIDA (Virus de la Inmunodeficiencia Humana / Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida). En el año de 1993, tuve varias pláticas con él antes de que falleciera y en una de ellas me decía, que a partir de su diagnóstico, le daba verdadera importancia a la vida y que disfrutaba más de lo que hacía y con lo que pasaba en su día a día: una puesta de sol, los alimentos que consumía, las conversaciones que tenía con sus familiares y amigos, etc. Yo, de ahí me pregunté, ¿por qué empezamos a valorar la vida hasta que sabemos que ya no nos queda mucho tiempo por vivir?
Como un ejercicio de reflexión personal, podemos formularnos algunas preguntas fundamentales:
- ¿Con quién necesitaría reconciliarme?
- ¿A quién no le he dicho cuánto lo amo?
- ¿Qué sueño importante he postergado?
- ¿Qué resentimiento debería abandonar?
- ¿Qué actividad dejaría de realizar porque consume inútilmente mí tiempo?
- ¿Qué experiencias sencillas desearía disfrutar nuevamente?
- ¿Qué legado humano, moral o espiritual quisiera dejar?

La Conciencia de la Muerte como Maestra de Vida.

Desde la Antigüedad, diversas tradiciones filosóficas y espirituales han utilizado la reflexión sobre la muerte como un instrumento para despertar la conciencia. Los estoicos practicaban el «memento mori», expresión latina que significa «recuerda que morirás». Su propósito no era cultivar una visión pesimista de la existencia, sino comprender que nuestra condición mortal vuelve especialmente valioso cada instante.

En el budismo, la contemplación de la impermanencia, conocida como «anicca», nos recuerda que todos los fenómenos condicionados están sujetos al cambio. Nada permanece exactamente igual: ni nuestro cuerpo, ni nuestras emociones, ni nuestras relaciones, ni las circunstancias que nos rodean. Por ello, el apego rígido a lo transitorio puede convertirse en fuente de sufrimiento. Asimismo, en la tradición tibetana existen prácticas contemplativas, que invitan a reconocer la incertidumbre del momento de la muerte, con el propósito de orientar la vida hacia lo verdaderamente significativo.
¿Cómo podemos vivir en el Eterno Presente?

Respecto a este tema, el Maestro Eckhart Tolle escribió: “El momento presente, el aquí y el ahora, contiene la clave de la liberación, pero no puedes encontrar el momento presente mientras seas tu mente. Empieza por escuchar la voz que habla dentro de tu cabeza, y hazlo tan frecuentemente como puedas. Presta una atención especial a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, a esos viejos discos de gramófono que pueden haber estado dando vueltas en tu cabeza durante años. Esto es lo que llamo «observar al pensador», que es otra manera de decir: escucha la voz dentro de tu cabeza, mantente allí como presencia que atestigua. Cuando escuches la voz, hazlo imparcialmente. Es decir, no juzgues. No juzgues ni condenes lo que oyes, porque eso significaría que la misma voz ha vuelto a entrar por la puerta de atrás. Pronto te darás cuenta de esto: la voz está allí y yo estoy aquí, observándola. Es el principio del fin del pensamiento compulsivo e involuntario.

Cuando el pensamiento se aquieta, experimentas una discontinuidad en la corriente mental, una brecha de «no-mente». Al principio las brechas serán cortas, tal vez duren unos segundos, pero gradualmente se irán prolongando. Cuando ocurren estas discontinuidades, sientes cierta quietud y paz dentro de ti. Es el principio del estado natural de sentirte unido al Ser, generalmente nublado por la mente. Con la práctica, la sensación de quietud y de paz se va ahondando. De hecho, esa profundidad no tiene fin. También sentirás una sutil emanación de alegría elevándose desde lo más hondo de ti: la alegría de Ser. En este estado de conexión interna estás mucho más alerta, más despierto que en el estado de identificación mental. Estás plenamente presente. […]

En tu vida cotidiana puedes practicar esto tomando cualquier actividad rutinaria, que habitualmente sólo es un medio para un fin, y darle toda tu atención para que se convierta en un fin en sí misma. Por ejemplo, cada vez que subas o bajes las escaleras en tu casa o en tu puesto de trabajo, presta mucha atención a cada escalón, a cada movimiento, incluso a tu respiración. Mantente totalmente presente. O cuando te laves las manos, presta atención a todas las percepciones sensoriales asociadas con esa actividad: el sonido y la sensación del agua, el movimiento de tus manos, el aroma del jabón, etc. O cuando entres en tu coche, después de cerrar la puerta, detente durante unos segundos y observa el flujo de tu respiración. Toma conciencia de una silenciosa pero intensa sensación de presencia.” (Págs. 4-5. “Practicando el Poder del Ahora”).

La vida no se mide solamente por los años que vivimos, sino por aquello que nos atrevimos a experimentar, por el amor que compartimos y por las oportunidades que supimos aprovechar. No esperes a que la vida esté por terminar para descubrir cuánto te faltaba por vivir. Ama mientras puedas amar, agradece mientras puedas agradecer, perdona mientras puedas perdonar y realiza hoy, aquello que mañana podrías lamentar no haber hecho.
Eduardo Rafael Flores Zazueta
Mahesh
Un comentario en "¿Qué te falta por hacer para que después no te arrepientas por ello?"
Me ha gustado mucho leer este articulo, en él el Maestro Eduardo nos recuerda lo maravillosa que es la vida y los caminos para vivirla con plenitud.