Los Seres Humanos unimos el Cielo con la Tierra

Desde tiempos ancestrales, el ser humano ha levantado la mirada hacia el Cielo y, al mismo tiempo, ha mantenido sus pies sobre la Tierra. Entre ambos mundos se encuentra nuestra existencia: somos materia y espíritu, naturaleza y conciencia, seres terrenales capaces de contemplar lo trascendente. Esta condición, nos convierte en un puente entre lo de arriba y lo de abajo, entre el Cielo y la Tierra.
Somos la Unión entre el Cielo y la Tierra.

Significado de la Unión:
- La Tierra. Representa el cuerpo, los sentidos, la materia y la vida diaria.
- El Cielo. Representa la mente, los sueños, el espíritu y el universo.
- El Puente. El ser humano une ambos lados al vivir en la tierra con la conciencia elevada.
Perspectivas de esta Unión:
- Filosofía antigua. Muchas culturas dicen que el hombre es un microcosmos que refleja todo el universo.
- Equilibrio. Vivir bien significa cuidar el cuerpo físico y alimentar el espíritu.
En la Filosofía Tradicional China.

“La tríada fundamental de la filosofía china es Cielo, Tierra y Ser Humano.
- El Cielo (tiān, 天). En el mundo manifiesto, es el vasto firmamento que nos cubre, pero en la filosofía china se refiere al yang puro: la fuente creativa, la luz pura que impulsa. No es un lugar especial al que acuden los creyentes, sino el impulso primordial de todo lo que se manifiesta en el mundo. Se asocia con el espíritu y la consciencia.
- La Tierra (dì, 地). Es el suelo sólido bajo nuestros pies, pero en la filosofía china se refiere al yin puro: el espacio terrestre/campo. La tierra se abre y recibe la actividad motivadora del Cielo, lo que le permite manifestarse. Si bien la tierra como tal se refiere a la materialidad, como el suelo que pisamos, su significado se asemeja más al de la madre que recibe la semilla del padre y la trae a la vida.
- El Hombre, la Humanidad (rén, 人). En un sentido más amplio, los ‘seres sensibles’, somos el fruto de la unión del Cielo y la Tierra. En el mundo manifestado, el Cielo está arriba y la Tierra abajo, según la filosofía china. El Cielo inicia primero, luego la Tierra nutre y, finalmente, surge la vida.

En conjunto, Tian-Di-Ren puede considerarse la representación de la estructura energética vertical del cosmos, o mejor dicho, del proceso vertical de cómo surgen las cosas. Para nosotros los humanos, el camino y el desafío consisten en mantenernos firmes sobre la tierra y, al mismo tiempo, conservar una postura erguida, con la cabeza apuntando hacia el cielo. Luego, respirar profundamente, llevando el aire al abdomen, donde la energía del cielo y la tierra se encuentran dentro del sistema energético humano. De esta forma, podemos fusionar las energías del Cielo y la Tierra y manifestarlas en nuestro interior.” (“Path of Dao Qigong. Cielo-Tierra-Humano y las Seis Armonías”).

En las diversas Culturas.

“Las culturas y civilizaciones antiguas cuyos registros llegaron hasta nuestros días, compartían semejanzas simbólicas y mitológicas en su manera de comprender la creación y el desarrollo del universo. El entendimiento sobre el mundo manifestado y la causa que le da vida, así como sus posturas sobre el destino humano, también eran equivalentes. Según estos enfoques, el universo es un único y completo ser vivo. Este surge de un punto central e indivisible, y tarde o temprano al mismo centro debe volver. Este camino de ida y vuelta es lo que se conoce como evolución. El origen de la palabra proviene del latín ‘ex-volvere’, que puede interpretarse como ‘volver allí de donde se partió’.

En los mitos se menciona que al principio todo estaba en silencio, solo había oscuridad. En este estadío previo a toda manifestación se encontraban juntos el Todo y la Nada en potencia. El ser y el existir unificados en un ‘super-orden’ que escapa a nuestra capacidad humana de comprensión, por lo que se le llamó caos. Esta palabra proveniente del griego antiguo significa cavidad, algo cerrado que contiene. Del caos surge el Universo, la primera unidad, de la que se desprenden dos partes con naturalezas opuestas: el Cielo y la Tierra; espíritu y materia. Por provenir de la misma fuente, esta dualidad se encontrará en todas las cosas. Pero, para que el Cosmos ahora ‘dividido’ en dos, pueda mantener su unión esencial, debe aparecer un tercer elemento que los mantenga unidos y los contenga: el Hijo. Así surgen las tríadas primitivas y se plasman en las culturas clásicas.
En Grecia.

El poeta Hesíodo nos va a relatar que del Caos surge Gea ‘la de amplio pecho’, la diosa madre. Conocida como la Madre Tierra, fue una deidad fundamental de la cultura helénica. De su propio ser engendró a Urano, el cielo estrellado, su igual y esposo cósmico. Entre estos dos, aparece ahora el elemento unificador: Eros, la fuerza creadora de la Naturaleza en su sentido abstracto, el impulso de la «creación» y procreación.
En Egipto.

En la cosmovisión egipcia, la oscuridad primera se simboliza mediante el agua. Nun, el Océano Primordial, es el Padre-Madre de los dioses, pues las demás deidades surgirán de su seno. Luego aparece la diosa Nut, ‘Madre de los dioses’, conocida como el cielo estrellado y Geb, ‘Padre de los dioses’, deidad masculina de la tierra y la fertilidad. Estas deidades al principio estaban pegadas e indiferenciadas, hasta que sopla el aire Shu, logrando separarlos y sosteniendo el Cielo y la Tierra. A Geb se lo puede ver recostado y envuelto en follajes; mientras Nut con su cuerpo conforma la bóveda celeste.
En China.

Según antiguas tradiciones chinas, en el principio no había nada salvo un caos uniforme y una negra masa de nada. El caos comenzó a fusionarse en un huevo cósmico durante 18,000 años. Dentro de él, los principios opuestos del yin y yang se equilibraron y Pan-ku salió del huevo. Pan-ku emprendió la tarea de crear el mundo: dividió el yin del yang con su hacha gigante, creando la tierra del yin y el cielo del yang. Para mantenerlos separados permaneció entre ellos empujando. Durante 18,000 años más, el cielo se elevó 3.33 metros cada día y la tierra se hundió en la misma proporción, mientras Pan-ku crecía en armonía con ellos manteniendo la separación.
En India.

En la mitología hindú, el origen del universo se encuentra encapsulado en Hiranyagarbha, el ‘Huevo Cósmico’ de oro flotante en el vacío primordial. Este huevo, al romperse, dio lugar a Brahmā, el creador, junto con el cielo, la tierra y todo lo que existe. Esta imagen simboliza la interconexión de todas las cosas y la idea de que el universo se despliega como una serie de ciclos infinitos. Las dos mitades del huevo formaron el cielo y la tierra, mientras que su núcleo dio lugar a las estrellas y los planetas. Brahmā creó a los primeros humanos, conocidos como los Manus, quienes dieron origen a las civilizaciones. Sin embargo, esta creación no fue perfecta. Según los textos védicos, la humanidad está destinada a vivir en un ciclo continuo de nacimiento, destrucción y renacimiento, conocido como kalpa.” (“Revista Acrópolis. El cosmos: la unión entre el cielo y la tierra en las diferentes culturas”).
Para los Mayas.

“Cuenta la famosa leyenda del Popol Vuh, que los dioses creadores sembraron en los cuatro rumbos del cosmos sus respectivas ceibas sagradas: al Este, la ceiba roja; al Oeste, la ceiba negra; al Sur, la ceiba amarilla, y al Norte, la ceiba blanca. Finalmente sembraron una quinta ceiba al centro de todos estos rumbos, y en sus raíces ubicaron el Xibalbá o Mitnal, que era la morada de los muertos; en su base colocaron el Kab o la tierra que habitamos los seres vivos; y en su fuste y ramas establecieron su morada los dioses; mientras que en la cima de su copa habitaba el origen de todos los dioses en la forma de una magnífica ave Quetzal celestial. La ceiba significa vida, perpetuidad, grandeza, bondad, fuerza y unión.” (“La ceiba significa vida, perpetuidad, grandeza, bondad, fuerza y unión. (“Yucatán Today. La Ceiba: Árbol Sagrado Maya”).
Yoga: el Arte de Unir la Tierra con el Cielo.

“Desde la perspectiva de las antiguas enseñanzas del Yoga, uno de los potenciales de cada ser humano es ser puente entre tierra y cielo, o lo que es lo mismo, darnos cuenta de la naturaleza vasta e ilimitada de nuestro Ser mientras habitamos la forma cambiante de nuestro cuerpo material. El arte de unir Tierra y Cielo no es solo una metáfora, sino una práctica consciente en la búsqueda de nuestro equilibrio personal. Se trata de vivir reconociendo y honrando la coexistencia de nuestra naturaleza terrenal y celestial y cultivando el estado de equilibrio que nos dirige hacia un estado mental de neutralidad y desapego.

Vivir en el centro simboliza una actitud de vida que honra el momento presente y que nos recuerda que, sin raíces, no hay alas para volar. Es en ese centro donde podemos encontrar la serenidad y la claridad mental para disfrutar plenamente de cada experiencia y cada paso que damos. Honrar, agradecer y celebrar lo que somos hacen que el viaje de nuestra vida se convierta en una obra de arte que une la tierra con el cielo.” (“Escuela Nidhan. Tierra y Cielo, la unión a través del Yoga”).

El Sagrado Tarot.

“Se denomina Tarot a un conjunto de símbolos impresos en láminas o cartas atribuidos al legendario Hermes Trismegisto. El Dr. Gerard Encausse (1866-1916), célebre ocultista que ha firmado sus interesantes escritos con el seudónimo de PAPUS, en este libro nos revela los misterios y secretos del enigmático Tarot, que lo considera como un libro maravilloso que tiene carácter cosmológico, filosófico, iniciático, y adivinatorio, siendo la base sintético-simbólica de todos los pueblos antiguos, pues aunque el hombre común no ve en este conjunto de cartas otra cosa que un simple pasatiempo, los pensadores vuelven a encontrar en ellas la clave de una olvidada tradición esotérica.” (Introducción del libro, “El Tarot de los Bohemios”. Papus). El Profesor Moncada sintetiza magistralmente el profundo significado del Tarot: “La Astrología, Ciencia Sagrada de los caldeos y la Kabbalah, Ciencia Sagrada de los hebreos, están unidas en el Sagrado Tarot, Ciencia Sagrada de los Iniciados”.
El Arcano I: El Mago.

El Mago dice: ‘Yo Soy’. Soy el transformador, el que marca los comienzos. El Ser aprende a manejar la materia, a reconocer los elementos y a transmutarlos. Todo gira según su voluntad. Comienza a caminar con seguridad, consciente de su poder de manifestación. El Mago va a ser el encargado de encauzar la energía dispersa y que lo ‘no manifestado’ encuentre su envase, su vehículo. Él se relaciona con el poder de la mente y la capacidad para unir Cielo y Tierra, para manifestar en la materia aquello que fue pensado en otra dimensión.
Microcosmos y Macrocosmos.

“Quizás la idea más importante (y seguramente la más poética) que nos ha legado la antigüedad, común a todas las grandes culturas, es la noción de que el ser humano es un microcosmos del universo y que la Tierra recibe la energía y los arquetipos del Cielo, y por lo tanto existe una relación de dependencia: ’lo de abajo es como lo de arriba y lo de arriba es como lo de abajo, para obrar los milagros de una sola cosa’. Lo anterior, tomado de la Tabla Esmeralda, encierra el secreto de la teoría del microcosmos y el macrocosmos: que esta relación, esté vínculo ubicuo, sólo puede existir a través de la unidad. ¿Cómo podría el Ser, el Uno, crear sino a través de sí mismo? ¿Y cómo podría la creación no reflejar en todas sus partes el Espíritu creador?” (“Pijama Surf. La filosofía del microcosmos: la idea más bella de la historia”).

El Maestre Serge Raynaud de la Ferrière como Avatar de esta Era de Acuario, describió la intima relación que existe entre el Ser Humano y el Universo: “En verdad, todo en el Gran Mundo sucede exactamente igual que en el pequeño mundo. Lo que pasa en el Universo también pasa en el ser humano (Universo en miniatura). El sol retrograda en su movimiento aparente, 1 grado cada 72 años (precesión equinoccial), y lo mismo en el cuerpo humano hay 72 pulsaciones por minuto, que indican la buena salud. EL corazón late cuatro veces mientras respiramos una vez, es decir, son 18 respiraciones por minuto, que corresponden a los 18 años de la nutación del eje terrestre bajo la influencia lunar (recuérdese que la Luna gira de acuerdo a 4 fases). Las 25,920 respiraciones en 24 horas hacen pensar en el tiempo aparente que necesita la estrella solar en la precesión equinoccial para volver a su posición inicial.” (Pág. 514. “Los Grandes Mensajes. Quinto Mensaje. Misticismo en el Siglo XX”).
Eduardo Rafael Flores Zazueta
Mahesh