“Se corrige en privado y se felicita en público”

“Se corrige en privado y se felicita en público”

Se corrige en privado y se felicita en público”, es una regla de oro en el liderazgo, la educación y las relaciones humanas, porque protege la dignidad, fomenta la confianza y motiva a las personas sin humillarlas.

El arte de educar, dirigir y fortalecer las relaciones humanas.

“Se corrige en privado y se felicita en público”, aunque parece una regla sencilla, encierra una profunda comprensión de la naturaleza humana. Toda persona necesita dos cosas para desarrollarse plenamente: orientación para mejorar y reconocimiento por sus logros. Sin embargo, la forma en que ambas se ofrecen determina si producirán crecimiento o resentimiento.

Cuando una corrección se hace delante de otras personas, el individuo suele concentrarse más en defender su dignidad que en aprender de su error. En cambio, cuando el reconocimiento se hace públicamente, no sólo fortalece la autoestima del felicitado, sino que también inspira a quienes lo rodean. Este principio no busca ocultar los errores ni exagerar los aciertos; busca preservar la dignidad humana.

¿Por qué funciona este principio?

La psicología social explica que los seres humanos poseen una profunda necesidad de pertenencia y aceptación. El rechazo público activa mecanismos emocionales similares a los del dolor físico. Cuando alguien es exhibido por un error aparecen emociones como:

  • Vergüenza.
  • Humillación.
  • Ira.
  • Deseo de justificarse.
  • Resistencia al cambio.

Por el contrario, un reconocimiento público genera:

  • Motivación.
  • Sentido de pertenencia.
  • Compromiso.
  • Deseo de superarse.
  • Ejemplo para los demás.

Educar es Guiar.

“Resalta en público las virtudes de tus hijos, elógialos cuando así lo merezcan, pero corrige sus errores en privado. Los gritos, los reproches a viva voz y las siempre recurrentes comparaciones con otros niños, cristalizan de forma negativa en la autoestima de los más pequeños. El tema sobre cómo corregir a nuestros niños cuando estamos en un contexto público es un tema tan complejo como delicado. Hay madres y padres que, sencillamente, no dudan en escenificar todo un espectáculo a base de gritos y críticas, sin pensar en las consecuencias que ello puede tener. Un mal comportamiento, un rechazo o una palabra fuera de lugar desencadenan en ocasiones, un drama difícil de olvidar… Es imprescindible educar con inteligencia, con cariño, intuición y con el suficiente acierto como para no herir, ni tampoco para intensificar aún más las emociones negativas.

Los reproches en público son formas sutiles de herir. Con los hijos ocurre como en cualquier otra dinámica relacional. La persona acostumbrada a corregir o a sancionar a su pareja en público en tono acusatorio, despectivo o irónico, hace daño. El directivo que sanciona a su empleado ante los demás nunca será un buen líder. Una vez más, hemos de hacer uso de la Inteligencia Emocional. Un reproche realizado ante toda una galería de espectadores vulnera nuestra autoestima. De esta forma, nuestra autoestima puede verse socavada. La inteligencia emocional nos ayudará a mejorar nuestra relación con los demás y saber cómo y cuándo decir las cosas. Como afirma el psicólogo Daniel Goleman, ‘la crítica, como todo feedback útil, debería apuntar una forma de resolver el problema. De otro modo, el receptor puede quedar frustrado, desmoralizado o desmotivado’. Si a esto le sumamos una crítica pública, el niño puede verse altamente perjudicado. Por lo que si se debe señalar a alguien un fallo, mejor en privado y ofreciendo una forma de resolver el problema.

Una buena Pedagogía.

Y cuando hablamos de educación el tema es aún más doloroso. Algunos maestros, por ejemplo, cometen la mala praxis de corregir el error del alumno de forma pública y con aire despectivo: ‘está claro que tú nunca vas a aprobar mi asignatura’. A su vez, muchas madres y muchos padres tienden a enhebrar la crianza de sus hijos, a través de esas agujas afiladas con el hilo de la mala pedagogía.

Un error habitual es comparar el comportamiento de un hijo con el de un hermano o con el del otro niño: ‘tu hermano es más listo que tú’, ‘tus compañeros de clase son más despiertos y tú siempre eres el último en todo’. Las comparaciones no son el mejor método para motivar al niño. ¿Qué tal si probamos en escucharle e intentar fomentar sus puntos fuertes? Cada niño es diferente, con sus inquietudes e intereses. Asimismo, también puede afectar a su autoestima comentar aspectos privados de los hijos con otras personas ante el propio niño, como si no este no pudiera oír, ver o sentir. Es una costumbre habitual que puede influir de manera negativa en los más pequeños. Hay que tenerlo en cuenta.

¿Qué sucede cuando eres duro/a y rígido/a con tus hijos?

Corregir no significa humillar.

Corrige con paciencia y respeto para ayudar a crecer.

Hay otra estrategia muy poco pedagógica: corregir entre gritos, centrándose exclusivamente en la falta o el error cometido, pero sin educar y sin ofrecer estrategias de mejora o de orientación. Es una actitud que debe evitarse. Corrige, orienta, disciplina, sanciona si es necesario, pon límites,… pero hazlo siempre con paciencia, en privado y sin hacer daño.  Ahora bien ¿quiere decir esto que hemos de quedarnos ‘impávidos’ cuando nuestros hijos se portan mal en público? En absoluto. La típico ‘cachetada’ que algunos defienden para detener la conducta disruptiva de un niño, lo que consigue muchas veces es intensificar aún más la rabia o sus emociones negativas. Las cachetadas no educan, hieren y dejan marcas interiores, así como los gritos o los reproches despectivos del tipo ‘no tienes remedio’ o ‘no sé que voy a hacer contigo’.” (“Felicita en público y corrige en privado, pero sin hacer daño”).

La Educación entre los Mayas.

“Los mayas se interesaban por la astronomía, la medicina, el sistema calendario y las matemáticas. En su calendario hacían cálculos de los periodos sinódicos (tiempo que tarda un planeta en adquirir la misma posición relativa con el Sol y la Tierra) de la luna, el sol y los planetas, y señalaban los inicios de sus festividades que llevaban a cabo por medio de rituales. Estos rituales eran considerados como parte integral de su vida, muerte y renacimiento, lo cual se volvía algo esencial para la sociedad en sus actividades habituales.

El entrenamiento del carácter era una particularidad distintiva y muy importante de la educación maya. Los elementos culturales transmitían a las nuevas generaciones los valores que permitían la continuidad de la comunidad. Su enseñanza era servir al pueblo, a su religión y a su familia. El amor al trabajo, la honradez y el respeto eran cualidades fundamentales para ellos. La educación era un sistema de vida que se comunicaba a las nuevas generaciones a través del idioma materno, a través de la experiencia, la tradición y la sabiduría de las abuelas y abuelos, madres y padres, y los sacerdotes. Era un proceso sistémico vivencial: desde la vida y para la vida, donde se adquirían de manera participativa los principios, valores, conocimientos, formación de la persona, la familia y la comunidad; se sentían parte de la naturaleza y del cosmos.” (“El Sol de Córdoba. La educación entre los mayas”).

La Educación entre los Mexicas.

“La educación en los mexicas, ocupaba un lugar de gran importancia, iniciaba en el hogar, a cargo de los padres y continuaba en instituciones públicas a partir de la adolescencia. La educación tenía como propósito fundamental formar la personalidad del individuo, la cual en lengua náhuatl se expresaba in ixtli, in yollotl: ‘obtener el rostro y el corazón’. De tal manera, que una vez que el mexica recibía educación, adquiría un rostro sabio y un corazón firme como la piedra y resistente como el tronco de un árbol; de donde se alimenta la hoguera eterna en honor de los dioses; el hombre educado es el dueño de un rostro y de un corazón, hábil y comprensivo.

El Temachtiani*, el maestro, el sabio, era aquel que lograba, como consecuencia de su tarea educativa, hacer sabios los rostros ajenos, les abre los ojos, los ilumina. Pero para llegar a ser sabio, maestro de la verdad, debía tener una cara, un rostro; haber abierto los oídos para iluminar a los demás, haber recorrido el camino para después formar guías y darles su propio camino. El maestro tiene que mirarse en el espejo, para después ponerlo delante de los otros, tiene que ser primero sensato y cuidadoso, para que los demás lo sean también, y así aparezca en ellos una cara y se fortalezca un corazón.” (“La educación entre los aztecas”, por Ovidia Rojas Castro de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacán de San Nicolás de Hidalgo”).

*”Y tan llegó a ser esto una idea hondamente arraigada en el educador náhuatl, que se le vino a llamar ‘te-ix-tlamachtiani’, ‘el-que-enseña-a-los-rostros-de-la-gente’.

‘El que hace sabios los rostros ajenos, hace a los otros

tomar una cara, los hace desarrollarla…

Pone un espejo delante de los otros,

los hace cuerdos, cuidadosos,

Hace sabios los rostros ajenos,

hace que en ellos aparezca una cara…

Gracias a él la gente humaniza su querer

y recibe una estricta enseñanza…’.” (Pág. 87. “La Filosofía Náhuatl. Estudiada en sus Fuentes”. Miguel León-Portilla).

Educar la Mente y el Corazón.

Los términos educare y educere, son las dos raíces latinas que dan origen a la palabra educación, representando respectivamente la acción de alimentar o guiar desde el exterior y la de extraer el potencial interior. Como ya vimos, la educación para los mexicas, es la de integrar el rostro y el corazón (in ixtli in yóllotl), para que la gente “sea cuerda, cuidadosa y humanice su querer”. Más aún, es vivir el ideal de nuestra verdadera naturaleza humana: “saber dialogar con nuestro propio corazón” (moyolnonotzani).

Eduardo Rafael Flores Zazueta

Mahesh

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