La Paciencia como una Práctica Espiritual

La Paciencia como una Práctica Espiritual

La paciencia como práctica espiritual, es una herramienta de transformación interior que nos enseña a aceptar el tiempo y las circunstancias con calma. Lejos de ser una espera pasiva, representa una fuerza activa del alma para mantener la paz y la compasión en medio de las dificultades de la vida.

Qué es la Paciencia

La palabra paciencia proviene del latín patientia, derivada del verbo patior, que significa “soportar”, “tolerar” o “permanecer firme frente a la dificultad”. La paciencia es la capacidad de mantener la calma, soportar dificultades y saber esperar con fuerza de voluntad el momento oportuno para lograr un objetivo. No es quedarse sin hacer nada, sino una fuerza activa de autocontrol.

“1. El significado de la Paciencia para el Budismo.

La paciencia en el Dharma*, se basa en no permitir que la mente se agite debido a condiciones desfavorables. Está asociada a una actitud enraizada en la aceptación de lo que sucede; esta nos lleva a una paz que trasciende las circunstancias. Ahora bien, no es pasividad ni tolerancia ciega. Es decir, no debemos caer ni en el extremo de pensar que ‘me da igual’ o que nada importa y que hagan o digan lo que quieran… ni en su opuesto —estar imponiéndonos a la realidad queriendo que las cosas sean diferentes—. Así, es un proceso de soltar la lucha interna.

*El dharma en el budismo, es un concepto central que se refiere principalmente a las enseñanzas del Buda; la ley cósmica del orden y la verdad última sobre cómo funciona la realidad.

2. La Paciencia como Paramita*.

En el budismo, la paciencia es un ingrediente esencial en el desarrollo personal. Cuanto más avanzamos en el camino espiritual, más la vamos a necesitar. La paciencia nos lleva a practicarla viendo que la adversidad que padecemos, es compartida también por muchos seres sintientes y que el trabajo para ser más pacientes nos acerca a la comprensión de la realidad. La adversidad compartida que todos sufrimos nos lleva a ver la insignificancia de nuestras esperanzas. Así, vemos que tanto las expectativas y la acción que las satisface como su sujeto son ilusiones y, en consecuencia, no tienen existencia por ellas mismas.

*Las paramitas (en sánscrito “lo que ha cruzado al otro lado”), son virtudes o perfecciones trascendentes en el budismo, que guían al practicante desde el sufrimiento y la ignorancia hacia la iluminación.

Las cuatro cualidades que la califican como Paramita.

La paciencia tiene que tener las cuatro cualidades.

  1. Descartar su opuesto, la ira. En este sentido tenemos que detectarla antes de que aparezca y descubrir y descartar la secuencia que la genera: apego o expectativa cristalizada, sorpresa, desilusión y tristeza, rechazo e insistencia, irritación y frustración, detonante y, por último, enfado e ira. Aquí la paramita, nos ayuda a detectar el estado mental por el que transitamos antes de caer en la ira mediante la recolección, la vigilancia y el cuidado.
  2. Comprensión de la carencia de existencia inherente de personas y fenómenos. La paciencia nos ayuda a trabajar el aferramiento a procesos o a sucesos y, como resultado, a reducir la tendencia a la imposición de que algo suceda de una manera determinada. A partir de la disminución del aferramiento a procesos, podemos ir disminuyendo el egocentrismo que nos ata a una visión limitada, no dejándonos ver que todo aquello que sucede no gira a nuestro alrededor ni tampoco alrededor del resto de personas.
  3. Ser capaz de satisfacer las necesidades espirituales de otros. La paciencia nos sitúa en una disposición que fomenta la paz mental y, en este estado de tranquilidad, cambia nuestro karma y visión, con lo que podremos estar más atentos a qué necesitan los demás.
  4. Ayudar a progresar de tres formas:
    • Cambio de conducta. Practicar la paciencia nos ayuda a combatir la infelicidad, que es la principal causa de la ira.
    • Interés en la práctica espiritual. El estado mental que favorece esta paramita aporta tranquilidad y esto se refleja en que nos relacionamos de forma más sana con las personas. De esta manera, no solo beneficiamos a los demás directamente, sino que ellos se interesan en cómo mantenemos esta actitud.
    • Progreso en el camino espiritual. La paciencia nos hace más tolerantes, interna y externamente. Entrenándonos en ella con los actos o palabras de otros, elevamos nuestro nivel interno de aceptación de las aflicciones y, consecuentemente, la capacidad de gestionarlas constructivamente, cosa que nos lleva a avanzar.” (“Paramita. La paramita de la paciencia”).

La Toltekayotl o toltequidad: el Camino Espiritual de nuestros Ancestros.

“En el antiguo México florecieron culturas muy avanzadas, que supieron vivir en armonía con la Naturaleza, crearon un arte y una ciencia impresionantes y desarrollaron los poderes latentes del ser humano. La suma de todos esos conocimientos fue llamada por sus creadores Toltekayotl, toltequidad. Término derivado de toltecatl, ‘artista de la vida’, ‘persona sabia’ o ‘constructor de sí mismo’.

Con frecuencia, el término ‘tolteca’ se ha empleado para designar exclusivamente a los moradores de la ciudad de Tula, en el estado de Hidalgo (cuyo nombre prehispánico era Xicocotitla, avispero). Sin embargo, ese título es propiedad de todos los mesoamericanos, independientemente de la lengua que hablaran o del lugar en que habitaran. Así lo vemos en el Popol Vuh, libro sagrado de los maya-quichés, donde el Ser Supremo es reverenciado con la siguiente invocación:

El primer diccionario náhuatl, redactado a mediados del siglo XVI por el padre Molina, traduce Toltecáyotl como ‘arte para vivir’. Es por esto que, más que una etnia, ‘tolteca’ era un grado de conocimiento de los hombres sabios del México Antiguo, y la Toltekayotl era el conjunto de los logros sociales, científicos, artísticos y espirituales acumulados durante milenios por los pueblos de Anáhuac.

La meditación tolteca recibía el nombre de Teomania, ofrecerse a lo divino… La materia prima de la meditación tolteca es Amomati, silencio mental, y su producto refinado, ese estado inefable del ser al que los antiguos llamaron Teowatia, divinización, y que en nuestra cultura conocemos como éxtasis sagrado. Las personas que lo conseguían eran llamadas Teowa, divinos.” (Págs. 11-12; 154 y 169. “Kinam, El Poder del Equilibrio. Antiguas Técnicas Toltecas”. Frank Díaz).

La Paciencia para “Kalimán, El Hombre Increíble”, representa un Principio y un Valor que rigen su conducta.

Los principios son reglas universales que orientan la conducta, y los valores son cualidades o virtudes que dan sustento a nuestras decisiones. Para vivir y trabajar con ética, los principales principios y valores a seguir son el respeto, la honestidad, la responsabilidad, la justicia y la solidaridad. “Y recuerda: donde haya una injusticia que reparar, un misterio por resolver, la emoción de una aventura o la belleza de una mujer, ahí está… ¡Kaaaliiimán!”

La Sabiduría de Nuestra Madre Naturaleza (Tonantzin Tlalli).

Todas las grandes tradiciones espirituales han considerado la paciencia como una virtud indispensable. La paciencia no consiste únicamente en esperar. Es una forma de relacionarnos con el tiempo, con las personas y con nosotros mismos. Es la capacidad de permanecer serenos mientras la vida sigue su propio curso. Desde la perspectiva espiritual, la paciencia representa una disciplina interior que transforma el sufrimiento en comprensión, la reacción en conciencia y la dificultad en aprendizaje.

Eduardo Rafael Flores Zazueta

Mahesh

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