¿Por qué creemos que los demás son como nosotros?

El sesgo de proyección es un error mental en el que asumimos que los demás piensan, sienten y valoran igual que nosotros, o que nuestro ‘yo del futuro’ tendrá los mismos gustos y necesidades que nuestro ‘yo del presente’. Usamos nuestras opiniones, creencias y estados emocionales actuales como un molde rápido para predecir el futuro o entender a otras personas.
¿Qué es el Sesgo de Proyección?

“El sesgo de proyección se refiere a un sesgo cognitivo en el que las personas tienden a sobreestimar hasta qué punto los demás comparten sus opiniones. Este sesgo surge porque las personas asumen que los demás piensan, sienten, creen y se comportan de manera similar a ellas. Como resultado, asumen que sus perspectivas y acciones son típicas y, por lo tanto, anticipan que los demás reaccionarán de manera similar. Este fenómeno es comparable al efecto de falso consenso, donde las personas también sobreestiman el grado de acuerdo que otros tienen con sus puntos de vista.
El Sesgo Estadístico.

Si a nivel estadístico existe la posibilidad o probabilidad de que estén sesgados los resultados, con mayor razón se presenta el sesgo en la conducta humana. “En el campo de la estadística, el sesgo es una tendencia sistemática en la que los métodos utilizados para recopilar datos y estimar una estadística muestral presentan una representación inexacta, sesgada o distorsionada de la realidad. El sesgo estadístico existe en numerosas etapas del proceso de recopilación y análisis de datos, incluyendo: la fuente de los datos, los métodos utilizados para recopilarlos, el estimador elegido y los métodos utilizados para analizarlos.” (“Wikipedia. Sesgo – estadística).
¿Por qué se produce el Sesgo de Proyección?

El sesgo de proyección se produce porque las personas tienden a usar sus propios pensamientos, creencias y comportamientos como base para predecir e interpretar los de los demás. Esto puede llevar a sobreestimar el grado en que otros comparten nuestras opiniones.

Tipos principales del Sesgo de Proyección.

Aunque la proyección puede manifestarse de muchas maneras, podemos distinguir algunos patrones frecuentes.
- Proyección de deseos. Consiste en asumir que los demás desean lo mismo que nosotros. Por ejemplo: ‘Si yo quisiera ese puesto, seguramente él también lo quiere’. Sin embargo, la otra persona puede valorar más el tiempo libre, la estabilidad o cualquier otra cosa.
- Proyección de emociones. Atribuimos a otra persona un estado emocional que nosotros estamos experimentando. Una persona que está molesta puede interpretar una respuesta neutral como agresiva. ‘Está enojado/a conmigo’. Cuando quizá la otra persona simplemente está cansada.
- Proyección de intenciones. Interpretamos las acciones ajenas suponiendo que tienen las mismas motivaciones que tendríamos nosotros. Si alguien ayuda a otra persona, podemos pensar que busca reconocimiento porque nosotros quizá buscaríamos reconocimiento en una situación semejante.
- Proyección de valores. Suponemos que los demás comparten nuestros principios, prioridades o criterios morales. Esto puede llevar a una frase aparentemente inocente: ‘¿Cómo no va a pensar igual que yo?’ Precisamente ahí aparece el problema: que algo sea evidente para nosotros no significa que sea evidente para todos.
- Proyección de conductas. Consiste en pensar que los demás harán aquello que nosotros haríamos. Puede aparecer tanto de manera positiva como negativa. La persona desconfiada puede pensar: ‘Si tuviera la oportunidad, me engañaría’. La persona excesivamente confiada puede pensar: ‘Yo jamás haría algo así, por lo tanto él tampoco’. Ambas conclusiones pueden ser equivocadas.

Proyectamos en exceso nuestra experiencia presente en otras personas y en otros momentos. El sesgo de proyección reduce al otro a una versión de nosotros mismos. Y en esa reducción, desaparece la posibilidad de comprender.
Por qué es importante entender esta disonancia.

El sesgo de proyección provoca fallas en la comunicación, mala planificación y puntos ciegos en las relaciones interpersonales. Es una de las maneras más rápidas de confundir la empatía con las suposiciones.
- Se trata de una personalización excesiva de la perspectiva. Olvidamos que los demás experimentan el mundo de manera diferente, tanto interna como externamente.
- Distorsiona la planificación futura. Pensamos que nuestro estado emocional actual será permanente, lo que nos hace demasiado confiados o demasiado cautelosos.
- Inhibe la comprensión. Si alguien no reacciona como esperamos, lo interpretamos como indiferencia o falta de respeto.
- Genera errores emocionales. Podríamos intentar ‘resolver’ el problema de otra persona tratándolo como si fuera nuestro, cuando no lo es.
Cómo nos vulnera el Sesgo de Proyección.

Tendemos a pensar que entendemos a los demás. Pero en realidad, muchas veces solo proyectamos sobre ellos nuestra propia forma de sentir y pensar.
- Asumir intenciones limpias. Crees que si tú no engañarías, el otro tampoco lo haría.
- Nivel de empatía distorsionada. Juzgas lo que el otro planea usando tus propios valores como espejo.
- Ceguera ante el engaño. Ignoras señales de alerta porque no encajan con lo que tú harías en su lugar.

La Rana y el Escorpión.
Factores que facilitan el engaño.

- Falsa transparencia. Piensas que tus intenciones son obvias y que los demás las ven igual de claras.
- Exceso de confianza. Bajas la guardia con personas que muestran afinidades superficiales contigo.
- Proyección de valores. Prestas atención a rasgos positivos tuyos y se los atribuyes por completo a un estafador o manipulador.

El sesgo de proyección nos lleva a atribuir a otros nuestras emociones, creencias o intenciones, como si lo que ocurre dentro de nosotros también ocurriera dentro de ellos. Creemos que alguien actúa por las mismas razones que lo haríamos nosotros; que lo que nos ofende debería ofender a todos; que lo que nos parece lógico es, por tanto, universal.

La Psicología que hay detrás del Sesgo de Proyección.

El sesgo de proyección, está profundamente ligado a cómo formamos expectativas e inferencias sociales.
- Anclaje egocéntrico. Tendemos a usarnos a nosotros mismos como punto de referencia por defecto para entender cómo piensan y sienten los demás. Es fácil desde el punto de vista cognitivo, pero emocionalmente inexacto.
- Errores de pronóstico afectivos. Somos malos prediciendo cómo nos sentiremos en el futuro. Damos por sentado que nuestras emociones actuales son estables y que influirán en nuestras decisiones futuras.
- Falso consenso. Creemos que más gente está de acuerdo con nosotros de la que realmente lo está, lo que refuerza nuestra tendencia a proyectar emociones y valores.
- Falta de capacidad para ponerse en el lugar del otro. La verdadera empatía requiere salir de nuestro estado interno, pero la proyección nos sumerge aún más en él.

El sesgo de proyección nos hace sentir conectados, pero solo con nosotros mismos. Cuando asumimos que nuestras emociones son compartidas, provocamos un cortocircuito en la comprensión real. Actuamos basándonos en conjeturas. Planificamos en función de nuestros estados de ánimo. Nos comunicamos con fantasmas de nuestro propio estado psíquico. Mira más allá de lo que sientes; ahí es donde está la realidad.” (“RJ Starr. Sesgo de proyección: por qué asumimos que los demás sienten lo que nosotros sentimos”).
¿Crees realmente que conoces a los demás o que ellos te conocen?

“La Ventana de Johari, es una herramienta de psicología cognitiva creada en 1955 por los psicólogos Joseph Luft y Harrington Ingham. Concretamente este modelo, ilustra el proceso de la comunicación y analiza la dinámica de las relaciones personales. La teoría se articula mediante el concepto de espacio interpersonal, que está dividido en cuatro áreas (cuadrantes), definidas por la información que se transmite. Este modelo, propone dos puntos de vista o enfoques, el yo y los otros y lo hace desde dos enfoques diferentes, el emisor y el receptor.” (“Wikipedia. Ventana de Johari”).
Hay de todo en la viña del Señor.

Comprender a los demás no significa aceptar cualquier comportamiento. Significa separar dos cosas que frecuentemente confundimos: comprender a alguien no significa justificarlo. Podemos comprender las motivaciones de una persona y, al mismo tiempo, establecer límites. También podemos reconocer que alguien tiene buenas intenciones y, sin embargo, tomar distancia de algunas conductas. La verdadera comprensión comienza cuando dejamos de utilizar nuestra propia personalidad como medida universal. Madurar psicológicamente, no significa dejar de interpretar a los demás; significa aprender a interpretar sin confundir nuestras propias sombras, deseos y temores con la realidad del otro. Al final, comprender verdaderamente a una persona exige algo más difícil que proyectarnos sobre ella: exige permitirle ser diferente de nosotros.
Eduardo Rafael Flores Zazueta
Mahesh