“El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”

El dicho, “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”, significa que no podemos evitar las dificultades ni los golpes de la vida, pero sí podemos elegir cómo reaccionar ante ellos. El dolor es una sensación física o emocional pura, mientras que el sufrimiento es la resistencia mental o la agonía que añadimos a ese dolor.
Origen del concepto: “la parábola de la flecha envenenada”.

“En el ‘Majjhima Nikaya’, una colección de textos atribuidos a Buda, que forman parte del ‘Canon Pali’, se cuenta la que ha sido llamada “la parábola de la flecha envenenada”. La historia es contada por Siddharta Gautama, el Buda; aparentemente después de que un discípulo estuviera impaciente de escuchar del maestro las respuestas a las ‘14 preguntas sin respuesta’, las cuales tenían que ver con cuestiones altamente metafísicas (como la eternidad del mundo, la vida después de la muerte, etcétera).Y se cuenta de la siguiente manera:
“Hubo una vez un hombre que fue herido por una flecha envenenada. Sus familiares y amigos le querían procurar un médico, pero el hombre enfermo se negaba, diciendo que antes quería saber el nombre del hombre que lo había herido, la casta a la que pertenecía y su lugar de origen. Quería saber también si este hombre era alto, fuerte, tenía la tez clara u oscura y también requería saber con qué tipo de arco le había disparado, y si la cuerda del arco estaba hecha de bambú, de cáñamo o de seda. Decía que quería saber si la pluma de la flecha provenía de un halcón, de un buitre o de un pavo real… Y preguntándose si el arco que había sido usado para dispararle era un arco común, uno curvo o uno de adelfa y todo tipo de información similar, el hombre murió sin saber las respuestas.”

La enseñanza explica que la vida a veces nos golpea con una flecha. En lugar de dispararnos una segunda flecha, nosotros mismos lo hacemos, mediante la queja y la resistencia; debemos aceptar la situación y enfocarnos en sanar”. (“Pijama Surf. La parábola de la flecha envenenada: Buda sobre poner atención a lo que realmente nos ocurre”).
El dolor es pasajero, pero el sufrimiento puede ser duradero.

La Psicóloga clínica Miranda Nadeau, escribe lo siguiente: “Sé muy bien que vivir implica experimentar dolor, pero también he aprendido que el sufrimiento es opcional. Ya sea una ruptura, una conversación hiriente con un familiar, un desamor, la soledad, una fractura de tobillo o una micro agresión más: las cosas pasan. La vida pasa. Generalmente reconocemos el dolor en su forma física: una quemadura por la estufa, una migraña, un dolor de espalda crónico. Pero la incomodidad y el dolor también se manifiestan en nuestras emociones, y el dolor puede incluir el duelo, la pérdida y la exclusión social. Todos sabemos que la añoranza duele. Cuando experimentamos el rechazo, se activan las mismas vías cerebrales que reaccionan a las lesiones físicas. La ‘Teoría de la Superposición del Dolor Social’, describe cómo las heridas físicas y emocionales activan las mismas alarmas en el cerebro que nos indican que sentimos dolor.

Aunque el dolor es inevitable en la vida, a la mayoría nunca nos enseñaron las mejores maneras de afrontarlo. Esto se aplica especialmente al dolor emocional. Algunas personas crecieron en hogares donde, si lloraban demasiado, se enfrentaban a la ira, la indiferencia o el silencio. Al ser alentados a reprimir el dolor, no aprendimos a autorregularnos, a recibir apoyo emocional ni a responder a nuestros propios sentimientos con compasión.

Nos tocó intentar autorregularnos.

Para algunos, crecer significó tener que ‘enfocase en lo positivo’, ganar el valor a través del servicio, minimizarse, esconderse, disimular o anteponer las necesidades de los demás a las propias. Más tarde, la tragedia, la pérdida, el rechazo y la opresión no se hicieron más fáciles; los problemas simplemente se extendieron. A veces se nos anima activamente a reprimir nuestros sentimientos. La represión emocional llega a través de canales personales, familiares, religiosos, culturales o sociales.

Cuando reprimimos o ignoramos nuestras emociones, no nos enfrentamos a nuestro dolor. Un creciente número de investigaciones, respalda la idea de que resistir el dolor solo genera más sufrimiento. Puede ser tentador resistirse adormeciendo la emoción, buscando una opuesta, fingiendo que no existe o simplemente deseando que el dolor desaparezca. Pero al resistir, fortalecemos nuestros sentimientos y, en consecuencia, generamos sufrimiento. Reprimir las emociones crea estrés físico en el cuerpo y está relacionado con la salud cardiovascular y la mortalidad por cáncer. La terapia consiste en aprender a abandonar las estrategias de supervivencia que antes nos protegían, pero que ya no nos benefician. El creciente campo de investigación sobre el dolor y la resistencia, pone de manifiesto cómo se agrava el dolor y, además, ofrece la promesa de métodos terapéuticos que minimizan el sufrimiento al centrarse en las emociones, buscar un público comprensivo y desarrollar la aceptación. Hay que enfrentar con valentía nuestro propio dolor, para no generarnos mayores sufrimientos; pero, tengamos claro: el pasado no nos define como persona, ni determina nuestro presente.

Cinco pasos para suavizar la resistencia.

- Observa cuando surja el dolor físico, emocional, somático, fisiológico.
- Observa con neutralidad cualquier pensamiento de resistencia («¡Maldita sea! ¡Esto no puede estar pasando!»).
- Observa con atención tus sensaciones físicas y emocionales, sin juzgar.
- Presta atención a tus sentimientos con paciencia y curiosidad. Observa suavemente cómo se disipan, ya que son transitorios como todos los sentimientos.
- Reconecta con el presente: siente la tierra bajo tus pies, la brisa.” (“Panorama Therapy. El sufrimiento es opcional: cómo suavizar la resistencia y vivir con el dolor”).
De lo físico pasa a lo psíquico y puede permanecer ahí.

- El dolor. Es una respuesta natural, automática e ineludible ante una pérdida, una enfermedad o una mala situación.
- El sufrimiento. Es la resistencia, el resentimiento o los pensamientos repetitivos sobre por qué ocurrió el evento.
- El papel de la mente. El sufrimiento surge de desear que la realidad sea diferente, a como es en realidad.
Ejemplos.

- La pérdida de un ser querido. El dolor por la ausencia es natural e inevitable. El sufrimiento aparece cuando la persona queda atrapada en pensamientos como: «esto no debió suceder», «nunca volveré a ser feliz» o «la vida ya no tiene sentido».
- Una enfermedad. La enfermedad puede generar molestias reales. El sufrimiento adicional surge cuando se vive permanentemente anticipando escenarios catastróficos.
- Una ruptura sentimental. La tristeza es una reacción normal. El sufrimiento prolongado suele alimentarse mediante la obsesión, el resentimiento o la incapacidad para aceptar el final de la relación.
- Un error personal. Cometer errores produce incomodidad. El sufrimiento aparece cuando la persona se condena continuamente por lo ocurrido y no se permite aprender y avanzar.

Los “Ocho Vientos Mundanos”, según el Budismo.

“Cuando pensamos en dolor y sufrimiento, solemos pensar en algo similar. Donde hay dolor, hay sufrimiento. Y solo podemos liberarnos del sufrimiento si eliminamos el dolor, ¿verdad? Pues bien, aunque estas dos experiencias están interconectadas, el dolor y el sufrimiento son dos cosas fundamentalmente diferentes, según la perspectiva budista. «El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional», es un dicho budista que apunta a una verdad fundamental de la existencia: el dolor y la aflicción son parte inherente de la vida. Contraemos enfermedades, nos herimos, perdemos a nuestros seres queridos, nuestras posesiones, nuestro estatus social. Pero a pesar de las dificultades que enfrentamos, el grado de sufrimiento que generamos varía de una persona a otra. La mayor desgracia apenas afecta a algunos, mientras que el menor inconveniente sume a otros en estados de profunda agonía. Entonces, ¿podría ser que el sufrimiento sea algo que podemos manejar y que no siempre tenga que ser consecuencia del dolor?

Como seres humanos, no podemos escapar de la naturaleza impermanente de la vida. El entorno cambia constantemente. A veces la vida nos brinda riqueza, y otras veces nos quita todo lo que tenemos. Según el budismo, si creemos que podemos escapar de los movimientos erráticos e impredecibles del universo, carecemos de una visión clara de la realidad. La claridad, por lo tanto, es el punto de partida para superar el sufrimiento; se trata de ver las cosas como son, incluyendo la verdad sobre la condición humana, que probablemente sea mucho más sombría de lo que la mayoría de la gente cree. ¿Acaso no nos aferramos a la ilusión de la auto preservación mediante la acumulación de riqueza, un énfasis excesivo en la autoprotección y los esfuerzos constantes por mantener lo que en realidad no podemos controlar? Como cultura obsesionada con la seguridad y la prevención de las dificultades, tal vez estemos negando una verdad fundamental que el Buda nos presenta: hagamos lo que hagamos, no podemos evitar que todo se desmorone. Esto significa que, a pesar de nuestros esfuerzos por protegernos y huir de cosas como el envejecimiento, la muerte, los desastres y las pérdidas, inevitablemente nos enfrentaremos a estos elementos de la existencia.
El budismo, se refiere a esos cambios y transformaciones inevitables de la vida como los “Ocho Vientos Mundanos”. Estos son los cuatro pares de experiencias opuestas:
- Ganancia y pérdida. Nos alegramos cuando obtenemos algo y sufrimos cuando lo perdemos.
- Placer y dolor. Buscamos constantemente lo agradable y rechazamos lo desagradable.
- Alabanza y crítica. Dependemos de la aprobación de los demás y sufrimos cuando somos cuestionados.
- Fama y descrédito. Deseamos reconocimiento y tememos el rechazo social.

La mayoría de las personas viven persiguiendo el placer, la ganancia, la alabanza y la fama, pero evitando la otra cara de la moneda. Sin embargo, al hacerlo, nos convertimos en juguetes de nuestro entorno, en lugar de dueños de nuestro bienestar mental. Por lo tanto, para la mayoría de las personas, su tranquilidad interior depende de los caprichos del universo. Como afirmó el Buda: ‘Cuando una persona común experimenta ganancias, pérdidas, estatus, deshonra, censura, elogios, placer o dolor, no reflexiona: «Me ha surgido una ganancia. Es inconstante y está sujeta a cambios». No la percibe como realmente es. Acepta la ganancia y se rebela contra la pérdida. Acepta el estatus y se rebela contra la deshonra. Acepta los elogios y se rebela contra la censura. Acepta el placer y se rebela contra el dolor.’ (Anguttara Nikaya, 8:6).

El Buda describe la condición humana: atrapados en la rueda del sufrimiento, viviendo en la constante búsqueda de lo que deseamos y rebelándonos contra lo que nos repele. Este mecanismo conduce a la desesperación, pues siempre tememos perder lo que tenemos y encontrarnos con lo que evitamos. Pero si observamos con atención la realidad de la vida, jamás encontraremos lo que buscamos si dejamos que nuestra felicidad dependa de circunstancias externas, ya que toda bendición conlleva una maldición. En todo placer reside la raíz del dolor: ese mismo placer se desvanece y no podemos recuperarlo. Con la ganancia siempre viene la posibilidad de la pérdida. El elogio puede convertirse en reproche, y con la fama, el riesgo de la difamación. Por lo tanto, cuanto más nos aferramos a las circunstancias externas deseables, más propensos somos a sus opuestos indeseables.” (“Einzelgänger. Por qué el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”).

No somos lo que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que nos pasa.

La enseñanza de que “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”, no pretende minimizar las dificultades humanas. Por el contrario, nos invita a asumir una profunda responsabilidad sobre nuestra vida interior. El dolor forma parte inseparable de la existencia. Ninguna persona escapa a las pérdidas, los cambios o las dificultades. Sin embargo, el sufrimiento psicológico puede reducirse cuando dejamos de resistirnos a la realidad, cultivamos la aceptación y aprendemos a observar nuestros pensamientos sin quedar atrapados en ellos. Al comprender la naturaleza transitoria de todas las experiencias y al mantenernos ecuánimes frente a los cambios que nos presenta la vida, descubrimos una forma más sabia y serena de vivir. Entonces el dolor puede convertirse en guía, en oportunidad de crecimiento y en camino hacia una libertad interior cada vez más profunda.
Eduardo Rafael Flores Zazueta
Mahesh
Un comentario en "“El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”"
Muchisimas gracias maestro Eduardo.
Un abrazo